Con algunos presidentes municipales en funciones sin importar el género parece repetirse el guion de la película de Luis Estrada la Ley de Herodes que toma el título de la novela de Jorge Ibargüengotia y que causó revuelo hace 27 años cuando gobernaba el Partido Revolucionario Institucional (PRI) meses antes de perder el poder con el Partido Acción Nacional (PAN).
No se puede entender que les pasa cuando el gobierno estatal lo encabeza un hombre prudente que mantiene controles sobre la operación del gasto público y decisiones además ha realizado no menos de 2 mil obras en los 84 municipios para instaurar un nuevo régimen, pero una buena cantidad de presidentes municipales y algunos integrantes de su gabinete parecen no entenderlo.
En tres años ha mantenido la estabilidad política, económica y social, pero un buen porcentaje de alcaldesas y alcaldes no quieren ese rumbo, le gana la soberbia y han sometido a graves crisis a una veintena de municipios cuando tenían la oportunidad de trascender y contribuir a un cambio verdadero, pero esa mezcla de ambición, soberbia y desconocimiento han formado cocteles mortales para los ayuntamientos.
Decisiones que parecen simples trámites los complican como la mandataria de Apan que, en medio de los señalamientos de corrupción, todavía se da el lujo de negar a la Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo (PGJEH) una pequeña oficina para que operará el Ministerio Público las 24 horas, mientras la delincuencia común se muestra descaradamente y la organizada da preocupantes señales, aquí y en el vecino Tepeapulco.
Pero no sólo Doña Zorayda Robles Barrera, también Imelda Cuéllar Cano, quien tiene un desfalco financiero y está enfrentada con comerciantes, ni que decir de Lorena García Cázares de Tulancingo de Bravo, denunciada por el Síndico Procurador Hacendario, esquema que se repite en Mixquiahuala, Huichapan, Ajacuba, Tlahuelilpan o los excesos del secretario de despacho de Tepeapulco o la inestabilidad en Mineral de la Reforma, que se refleja en decenas de relevos de funcionarios, sin olvidarse de Tepeji del Río pero sobre todo de Tula de Allende.
En suma, Hidalgo tiene una veintena de Juan Vargas o “Varguitas” que creen en gobiernan en San Pedro de los Saguaros, crean sus propias reglas e imponen su voluntad, creyendo que nada es superior a ellos, como lo pensaron un grupo de sus antecesores que ahora enfrentan procesos penales y cinco de ellos están en la cárcel, sin medir el daño que hacen al proyecto.

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