La vida en pareja atraviesa por distintas etapas, puede ser fantasioso esperar que la relación sea indefinidamente igual, después de cierto tiempo de permanecer juntos algunas parejas entran en una cierta zona de confort en donde pueden sentirse tan cómodos que ya no atienden lo que está ocurriendo o lo que deja de suceder en la relación.
En otros casos, la pareja empieza a distanciarse emocionalmente, pero no por comodidad sino por desgaste, al grado de que uno de sus integrantes o ambos pueden sentirse tremendamente solos aun estando en pareja.
Si las relaciones de pareja compartieran la reciprocidad que aparece cuando se deciden a empezar a ser pareja todo sería más fácil o menos doloroso, es decir; ¡sería más práctico si así como nos enamoramos al mismo tiempo dejáramos de desear seguir juntos!, esto claro que puede pasar: que ambos lo aceptan, lo socializan y se separan, pero no siempre es así, el escenario más cotidiano es que uno de los dos quiere continuar en la relación, por amor, ilusión o comodidad y el otro ya no, comenzando entonces un sinuoso camino de desamor.
Parece que es más sencillo saber cómo comenzar una relación que tener conocimiento sobre el cómo terminarla.
Los motivos para no concluir la relación pueden ser diversos, cada pareja y sus integrantes tienen sus razones, incluso para no concluir la relación, aun si uno de los dos o ambos ya no desean permanecer en esta:
-Compromisos adquiridos.
-Dificultad para admitir que el deseo de permanecer juntos ya no es compartido.
-Evitar cuestionamientos de familiares y amigos.
-Dependencia emocional y/o económica.
-Falta de claridad en los sentimientos.
-No saber cómo terminar una relación.
-Miedo al abandono o miedo a ser quien abandona.
-Tener la creencia de que las relaciones de pareja solo deben terminar cuando ya es casi imposible continuar.
-Tener la esperanza de que aún se puede solucionar o que los buenos tiempos pueden volver.
-Evitar la soledad.
-Por comodidad, debido a las ganancias secundarias.
-Negar el conflicto.
-Enojo, no desear que el otro sea feliz.
-Miedo a perder lo que se construyó.
-Costumbre…
Recordemos que:
Cuando hablamos de personas no podemos generalizar, cada pareja tiene su propia y particular historia.
Juzgar desde afuera es muy fácil, pero solo los que están dentro conocen que es lo que los separa o lo que les mantiene unidos.
Hay quienes no se quedan porque sean felices sino porque les aterra pensar en lo que vendrá si la relación termina, y hay quienes se van mucho tiempo antes de terminar, porque se van alejando emocionalmente, preparándose para finalmente poder decir adiós o para quedarse, pero sin estar involucrados emocionalmente.
¿Alguna vez habías pensado que algunas personas nunca han aprendido a decir adiós o a cerrar una relación de manera saludable?
La forma en la que se han vivido otros vínculos, principalmente, la familia de origen influye bastante en cómo se vive en el presente la relación de pareja, haber estado en una familia en la que se negaban los conflictos o se vivían de manera caótica, se negaban los problemas, el abandono era una amenaza constante o marcar limites se castigaba, puede haber condicionado para que terminar una relación se evite a toda costa, aunque sea lo que más se quisiera hacer.
Entonces, se pueden presentar actitudes en las que se busca que sea la otra persona quien tome la decisión de terminar: Provocar discusiones, quejarse continuamente, mostrar apatía constante o incluso, rechazo.
Alejarse progresivamente, desvincularse emocionalmente.
Mantener la relación con el mínimo esfuerzo, o brindar algún refuerzo intermitente.
Seguir esperando que se presente la oportunidad de tener una razón de peso para terminar: infidelidad o algo grave que otorgue el permiso de irse o que justifique la decisión de terminar.
Por supuesto, hoy en día se habla de la importancia de valorar y cuidar los vínculos amorosos, evitar que sean frágiles, solucionar en lugar de romper ante las primeras diferencias, no cosificar a la pareja, dar prioridad a la responsabilidad afectiva, diferenciar el amor del desamor, cuidar y cuidarse, incluso si la relación termina, lo cual es una forma bastante sana de cerrar un ciclo con alguien que ha sido importante en tu vida.
Las personas no son cosas y los vínculos no son desechables, las relaciones de calidad ameritan más que el amor, necesitan: confianza, comunicación efectiva, responsabilidad, respeto, ternura, acompañamiento, cercanía física y emocional, y un largo etc.
Sentirse amado o valorada, que ambos integrantes del vínculo se asuman cuidados es, entre otras razones lo que mantiene viva una relación de pareja, entendiendo que el deseo, la pasión y la ilusión cambian, incluso en algunas relaciones, desaparecen, pero se construyen otras cosas que para sorpresa de los enamorados son más fuertes que el amor: la familia, la historia compartida, el compañerismo, la amistad, la sociedad en pareja, una vida juntos, lo que se construye con las familias extendidas, el pasado que se ha compartido pero también el futuro deseado.
Pero, regresando al punto de quien ya no desea seguir en una relación, no necesariamente deberíamos tener una razón que nos lastimé profundamente para aceptar que se terminó, alguna vez escuché a una persona decir: “la razón que tuve para divorciarme fue aceptar que ya no era feliz compartiendo la vida con quien era mi pareja” … no sé qué piensen ustedes, ¿no es esta una razón válida para terminar respetuosamente una relación? ¿Por qué tener que cansar a la pareja para que se puedan despedir? ¿O para qué acabar con todos los buenos recuerdos para que sea el odio quien por fin les dé el valor de separarse?
En ocasiones, de manera muy amorosa es posible aceptar que lo mejor que se puede ofrecer a la pareja es devolverle la oportunidad de disfrutar de su soledad o de volver a sentirse amada o amado, a veces, de manera muy responsable es importante reflexionar si la vida amorosa que estamos teniendo nos esta permitiendo desarrollarnos en otras áreas de nuestra vida, o aceptar que la mayor parte de nuestra energía vital se está perdiendo en el intento de salvar o recuperar algo que ya no tiene solución.
¿A quién recordarías con más gratitud, a quien te engaño y con quien sientes que perdiste el tiempo sin saber que no te amaba o a quien responsablemente admitió que no te amaba más y prefirió decirte adiós antes de lastimarte más?
Las decisiones amorosas no son tan sencillas, tienen que ver con nuestros primeros vínculos, con la forma en la que aprendimos a ver el amor, a conceptualizar la vida en pareja, el amor romántico, a pensarse a sí mismas o mismos, se asocian con que tanto te sientes una persona querible, con la cantidad de posibilidades que consideras que tienes para estar bien aun sin la relación de pareja o con la seguridad de saber que podrías estar muy bien sin él o ella, pero prefieres la vida a su lado.
Detrás de cada elección o creencia de lo que es la pareja y la vida amorosa hay toda una historia que nos ha llevado a lo que estamos viviendo en nuestro presente amoroso o desamoroso.
¿Cuándo analizamos el amor romántico? En ciertas circunstancias ni en medio del dolor emocional, y frecuentemente, durante o después del desamor (que tanto se confunde con “amor”).
¿No puede ser el dolor emocional un síntoma de la relación de pareja que se está teniendo? ¿Es tu relación un lugar seguro y un espacio de crecimiento?…
Esa idea de la persona que dijo que “no ser feliz al lado de su pareja fue suficiente para irse, que no había otras razones para señalarlo como culpable del fin de la relación, que no se destrozaron emocional ni económicamente, sino que se armaron de valor para admitir en voz alta que ya no deseaban seguir juntos, y se despidieron antes de lastimarse uno al otro, y que incluso con el tiempo siguieron viviéndose uno al otro como familia, puede ser revolucionaria para el mito del amor romántico que dice que “el amor todo lo puede o que debe ser para siempre” y de otros tantos mitos sobre cómo “deben ser las mujeres y los hombres en la vida amorosa”, pero, tal vez esa revolución amorosa haría que las nuevas generación y ¿por qué no? También las anteriores disfruten más y mejor del amor romántico en lugar de sufrirlo tanto.
Y qué decir de cuando hay motivos que incluso pueden afectar tu bienestar o el de terceras personas… La propuesta no es transitar por el amor romántico de manera superficial sino aprender a conectar profundamente sin perderse.
Por eso, antes, durante y después de una relación de pareja es conveniente tener presente tus negociables y no negociables en una relación, qué permitirías, qué no te afecta y qué es aquello que no mereces ni quieres aceptar en una relación, de hecho, por encima del amor.
¿Elegirse o elegir irse?
Esta decisión depende de ti, de tus circunstancias, tus creencias, tu bienestar… recuerda que cuando ya somos adultas y adultos nos toca aprender a cuidarnos, distinguiendo que enriquece nuestra existencia y que puede afectarnos seriamente.
Terminar una relación puede ser bastante doloroso, pero cuando lo más lastimoso o traumático es seguir en un vínculo que te destruye de alguna o de muchas maneras necesitas elegirte, lo cual puede no ser nada fácil, por eso, si requieres acompañamiento emocional, psicoterapia, apoyo legal o familiar no dudes en pedir ayuda.
Y también puede ser que necesites reconocerte, observar a tu pareja y a la relación con cierta distancia para distinguir con claridad qué es lo más beneficioso para ustedes, para ti.
Puede ser una crisis de pareja, una etapa con cierta complejidad, un problema que tiene varias soluciones favorables y hasta una posibilidad de desarrollo personal y de pareja.
O puede ser el momento para que cada uno vuelva a elegirse… uno al otro o a sí mismos, cabe aclarar que elegir amar a alguien no implica dejar de elegirse a sí mismos, que el amor maduro, compañero, el amor de pareja que es más seguro emocionalmente es el que te pide y fomenta que no dejes de elegirte y de amarte, porque amar desde el amor propio envuelve al vinculo amoroso en una protección mutua que es prudente no perder.
¿Te estás eligiendo? ¿Elegirías de nuevo a tu pareja?, ¿Tu pareja te seguiría eligiendo, así como estás siendo hoy con él o con ella?…
Quizá, hoy no tenemos las mismas razones por las que nos elegimos alguna vez, pero ¿seguimos trabajando para fortalecer las razones que nos unieron y construyendo nuevos motivos para elegirnos una y otra vez? ¿Estamos amando sin dejar de elegirnos a nosotros y a nosotras mismas? ¿Estamos reproduciendo el patrón de pareja que vimos en la familia de origen?… ¿Desearías que tus hijas e hijas en el futuro reproduzcan el patrón de pareja que están viendo en sus padres?
Las reflexiones no son para lastimarnos, tampoco para juzgarnos, sino para decidir conscientemente lo que favorezca nuestro bienestar físico y mental y el de quienes nos rodean.
Hasta nuestro próximo encuentro.
@Lorenapatchen
Psicoterapia presencial y en línea.
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