Somos 3.24 millones de hidalguenses, según la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI: unas 163 mil personas más que en 2020. La cifra parece modesta, pero no se reparte parejo. Mientras buena parte del territorio envejece y se estanca, hay municipios que crecen a un ritmo que ningún presupuesto está siguiendo.
El caso más claro es Tizayuca. En 2020 tenía alrededor de 168 mil habitantes; hoy suma 222 mil 885 y ya es el segundo municipio más poblado del estado, por encima de Mineral de la Reforma. Es un crecimiento de más de 30 por ciento en cinco años, empujado por los fraccionamientos, la cercanía con el AIFA y la expansión de la zona metropolitana del Valle de México.
Pachuca, en cambio, prácticamente no se movió: pasó de unos 314 mil a 317 mil 480 habitantes. La capital ya no es la que crece; es la que recibe a diario a quienes vienen de los municipios vecinos a trabajar, estudiar o hacer trámites.
Ese crecimiento tiene consecuencias. Cada nueva unidad habitacional exige agua, drenaje, alumbrado, recolección de basura, seguridad y transporte. Las familias llegan primero; los servicios, si llegan, lo hacen años después. Y el reparto de recursos federales responde tarde, porque se apoya en datos que envejecen más rápido que las colonias que se construyen.
Pachuca tampoco está sobrada. Este año perdió 38 millones de pesos en participaciones federales y modificó su presupuesto para no frenar bacheo, seguridad ni servicios. Una capital que carga con toda la zona metropolitana con dinero que alcanza cada vez menos.
Y lo que viene será mayor. Con la llegada del tren AIFA-Pachuca y las grandes inversiones anunciadas, se prevé un crecimiento considerable en el sur de Hidalgo. Cada estación, parque industrial y desarrollo habitacional atraerá a miles de familias más. Si hoy los servicios ya van detrás de la gente, mañana la distancia puede ser mucho mayor. Por eso este censo no debe archivarse: es la base para anticipar dónde se necesitarán pozos, escuelas, hospitales y transporte antes de que la demanda rebase a los gobiernos.
Hay que reconocer que esta vez el crecimiento no llega a ciegas. Apenas en esta administración la planeación se ha hecho bien y en coordinación con los municipios de la zona metropolitana del Valle de México, algo poco común en un estado donde por años cada gobierno trabajó por su cuenta. El reto es asegurar que ese trabajo se respete en los próximos años y no se abandone con el cambio de administraciones ni ceda ante intereses inmobiliarios.
El censo no es solo un conteo: es un diagnóstico. Hidalgo necesita planear pensando en dónde vive hoy la gente y en dónde vivirá mañana, no en dónde vivía hace diez años. De lo contrario, el crecimiento seguirá siendo sinónimo de rezago.
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crs

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