¿Somos realmente conscientes de que somos finitos o vivimos como si tuviéramos todo el tiempo de manera ilimitada?, Si hoy recordaras que ni tu ni las personas que amas estarán aquí para siempre, ¿cambiaría algo de la manera en la que estás viviendo?
Despedirse de un ser querido tras la muerte física es el dolor emocional más fuerte que podemos experimentar, por supuesto, siempre que hablamos de personas, vínculos y experiencias no podemos generalizar.
Los duelos se transitan de acuerdo con la personalidad, la calidad del vínculo, las circunstancias de la muerte son un evento completamente subjetivo, intimo, único.
Saber que la existencia es finita no es una invitación a la angustia o al sufrimiento anticipado, sino a tomar consciencia de nuestro paso por el mundo, de las huellas que dejamos en la gente con la que establecemos vínculos, de lo que hacemos con nuestra existencia, y de las decisiones que tomamos para que al final de nuestros días (o antes, por supuesto) nos sintamos satisfechos con lo que hemos hecho de nosotros y con nuestros vínculos.
Pensar constantemente en la finitud de la vida podría resultar poco saludable, pero tener consciencia de esto, si puede hacer importantes diferencias en nuestra forma de transitar por nuestra existencia y la de las personas que nos rodean.
Y entonces, desde ahí elegir cada día qué es lo que queremos vivir, aceptando que en el camino pasarán cosas que no serán elegidas por nosotros, pero que entonces también tendremos herramientas emocionales para evadirlas o enfrentarlas y salir de estas.
Ser finitos significa reconocer que nuestra existencia tiene límites, que no tenemos garantizado saber cuánto tiempo tendremos para vivir y compartir con las personas que amamos.
¿Para qué nos sirve saber que somos finitos y que nuestros seres queridos también lo son, que nuestros vínculos tienen un tiempo limitado?
Primero, para dejar de vivir como si tuviéramos todo el tiempo del mundo, dejando para después lo que realmente importa, postergando momentos para un futuro incierto, guardando lo mejor para otro día cuando lo más seguro que tenemos es el presente.
Después, para aprender a valorar lo cotidiano, lo que no hace ruido, lo que no es día de fiesta, renunciar a vivir esperando acontecimientos extraordinarios para experimentar gratitud y alegría por la vida, recordar que la vida es lo que está ocurriendo aquí y ahora, darle más valor a un café con los amigos, el abrazo de tus padres, la sonrisa de tus hijos, tu trabajo, el cuidado de tu salud, para elegir como queremos sentirnos y llegar al futuro si este nos sucede.
Tener claridad de que estos momentos presentes no van a repetirse por siempre nos podrían dar mayor responsabilidad de atesorarlos y abrazarnos de ellos.
Comprender que amar es aceptar la vulnerabilidad… A veces, intentamos querer menos para sufrir menos, evitando el apego, la cercanía emocional o negándonos a fortalecer el cariño, y lo que esto ocasiona es justo lo contrario, es quedarse con deudas pendientes con las personas que pudiste amar mejor.
Despedirse va a doler sí, casi es seguro que así será, pero haber amado y demostrarlo es algo que en medio del dolor de la perdida puede hacerte sentir que no perdiste la oportunidad de mostrar tu amor en vida, que no te perdiste la dicha de amar y sentirte amado, que involucrarse emocionalmente con otros seres humanos llena de sentido el día a día y que compartir la vida la enriquece.
Dejar de desperdiciar el tiempo en lo que no es importante, desistir de buscar la aprobación externa todo el tiempo, comenzar a saborear más lo que pasa en tu vida, admitir que no tenemos control sobre la permanencia de otras personas en nuestra vida, reconciliarnos con nuestra historia, perdonarse el pasado (si esto es necesario), enfocarse en hacer que valga la pena estar aquí haciendo que la existencia sea lo más plena posible, no perfecta, eso no existe, pero si plena, satisfactoria y amorosa.
Y dar sentido a cada día.
¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que algún día vamos a morir o a despedirnos de quienes amamos?
Miedo:
Evitamos hablar de la muerte porque por supuesto, nos resulta demasiado dolorosa, por que sentimos que nos estamos adelantando a algo para lo que falta mucho y porque quisiéramos evitar pasar por ese dolor.
Es natural que no se quiera hablar de lo que duele, porque asusta o también debido a que se prefiere darle más sentido a la vida que a la muerte.
Necesidad de sentir que tenemos el control y podemos evitar cualquier perdida.
Evitar el dolor emocional: Mantenemos distancia con estos temas para no entrar en contacto con las emociones que nos detona: miedo, tristeza, ansiedad o incertidumbre.
Deseo de asegurar la permanencia: Decisión de enfocarse en encontrar seguridad en los vínculos, los proyectos, logros, familia, pareja, las creencias y cuanto le dé significado al legado de nuestra existencia.
No se trata de pensar en la muerte permanentemente sino de aceptar que es una realidad y que esta nos invite a VIVIR.
Nos resulta menos difícil admitir la propia finitud, pero pensar en que las personas que amamos también lo son es aún más complejo y genera más evitación del tema, ¿por qué? A veces, podemos aceptar con serenidad que algún día habremos de morir, pero pensar en que nuestros padres, hijos, pareja o amigos son finitos provoca una angustia más profunda, y es así como evitamos hablar de la muerte con ellos, como pueden dejarse temas inconclusos que luego se llegan a tornar en problemas que no se previeron, y, sobre todo, en lo que nos toca emocionalmente el aceptar la finitud de lo que más se ama.
Y es que no solo se trata de una realidad biológica, que es la muerte sino de lo que nos ha dado identidad, el afecto, la presencia, la compañía, esa cercanía que nos protege, el significado que las personas que amamos tienen en nuestra vida.
No solo nos asusta perderles, sino que nos aterra la vida sin ellos.
No es que tengamos que pensarlo todo el tiempo, sino reflexionarlo para reconocer qué podemos cambiar o mejorar y empezar a hacerlo, no desde el miedo sino desde el amor.
La tarea psicológica no consiste en evitar amar, sino en desarrollar recursos para convivir con la incertidumbre sin que esta nos impida disfrutar y vincularnos profundamente.
Sin caer en la angustia anticipatoria, resulta conveniente tomar consciencia de la finitud de la vida, no para perder sentido sino todo lo contrario, para construir un mundo compartido más basto y enriquecido.
Imagínate que harías con este saber:
¿Cómo sería tu próximo encuentro con las personas que amas?
¿Abrazarías de la misma manera?
¿Dedicarías tanta atención a temas insignificantes, a mirar lo que hacen los demás?
¿Esperarías al próximo momento especial para disfrutar más de tu vida o de la presencia de quienes amas?
¿Continuarías esperando el próximo cumpleaños o al siguiente año para hacer algo especial?
Y así, es muy probable que deteniéndote a pensar un poco en el tema de la finitud de la existencia puedas encontrar motivación, respuestas y sobre todo, tomar acción sobre aquello que quieres disfrutar más, honrar tu existencia haciendo de tu vida una obra de arte, valorar y atesorar la presencia de los que amas mostrando amor aun en las acciones cotidianas, no se trata de vivir esperando que termine la vida, sino elegir vivir sin dar por sentado que tenemos garantizado el tiempo.
Si tenemos en cuenta esto, ¿seguiríamos siendo como somos con las personas más importantes para nosotros?, ¿tenemos conversaciones pendientes?, ¿alargaríamos los conflictos y enojos?, ¿seguiríamos tristes por algo que ya no es?, ¿aceptarías el desamor cuando puedes enfocarte en las relaciones reciprocas? ¿en dónde está tu energía: en lo que amas o en lo que detestas?, ¿Qué eliges seguir haciendo o empezar a hacer para cuidar tus vínculos de manera más consciente?…
Si lo pensamos bien, saber que somos finitos puede llevarnos a realizar cambios, crecer, evolucionar, perdonar, dejar de cargar resentimientos, decidirse a vivir con mayor alegría, con convicción y, ¿por qué no? Igualmente, a transitar por las dificultades, sabiendo que muchas situaciones son procesos, que está lo que no podemos cambiar, lo que no depende de nosotros y lo que si… y ahí es donde es conveniente asumir la responsabilidad de nuestra existencia y la calidad de nuestros vínculos.
Ampliar la consciencia de que somos finitos igual que quienes amamos, nos enseña a vivir en plenitud y a no dejar el amor para después.
No podemos prometer que estaremos siempre, sin embargo, si podemos dar todo el amor, la alegría, ternura, comprensión y compañía que nuestro ser es capaz de manifestar.
Y así, cuando llegue el momento de partir o de despedirnos, aun en medio del dolor sentir la gratitud de conocer el amor infinito.
Hasta nuestro siguiente encuentro.
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