Por: Dino Madrid
— El truco de los adjetivos en el “periodismo”.
Hay un truco que funciona porque casi no se ve y Oscar Balderas lo usó en su columna sobre la supuesta fosa de Zacapu.
Rodeo su texto de detalles muy vívidos —el humo en el cerro, los candados rotos, las brasas— que el lector confunde la narrativa con los hechos.
El texto está bien escrito, hay que reconocerlo.
Tiene ritmo, tiene imágenes que te atrapan, problema es que toda esa calidad narrativa sostiene algo que nadie ha podido confirmar.
Fíjense en cómo está armado; Balderas describe todo como si lo hubiera presenciado, pero luego admite lo fundamental, que todo viene de un relato de una sola persona, Margarita López, en una entrevista de 2023.
Hay una frase casi escondida en el medio del texto que lo cambia todo: “Margarita no tiene certezas, pero sí hipótesis.” Esa línea debería ser el título; en su lugar, el texto continúa narrando los supuestos hechos como si la hipótesis ya fuera el hecho.
La trampa es muy clara por ello no se percibe a simple vista. Balderas sostiene una acusación de una gravedad monumental —incineración de menores— basándose solo en la palabra de una activista y en un perito del que ni siquiera da el nombre completo.
No hay una sola prueba en su columna que confirme que las piezas dentales son humanas o que corresponden a menores. Peor aún, admite que la fuente “no tiene certezas” pero sigue lanzando acusaciones sin parpadear.
El remate es todavía más manipulador, termina diciendo que si mil seiscientos dientes no bastan para incendiar la conciencia, entonces lo que está enterrado es nuestro corazón.
Ese es el clásico truco del manipulador, te acorrala emocionalmente para que si quieres preguntar por las pruebas, inmediatamente te acusen de no tener empatía o estar del lado de los malos. Usa el chantaje moral para que nadie se atreva a exigir verificación.
Nadie puede negar la labor que realizan los colectivos de búsqueda, pero el periodismo tiene la obligación de ser responsable. Lanzar un relato cargado de adjetivos para sembrar incertidumbre sin una sola prueba, amparándose en una “hipótesis,” no es buscar verdad; no es nota informativa ni opinión seria, es solo manipulación emocional vendiendo indignación en un momento donde la opinión pública merece rigor.
El periodismo debe informar, pero cuando elige manipular, pierde todo el derecho a ser llamado periodismo.
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