Otra vez una niña embarazada. Ahora en Matamoros. N., de 11 años, cuya vida fue expuesta sin escrúpulos por el morbo de las personas.
Los medios, de forma tendenciosa, abrieron la posibilidad de pensar que ella no había sido agredida sexualmente.
De nuevo, N. tiene 11 años. Cualquier embarazo en una persona menor de 12 años es violación, punto. No hay lugar para la duda.
Cuando eso medio se había superado, la atención se centró en el aborto y leí decenas de comentarios que decían que abortar a su edad era más peligroso que un parto. Que además ahora iba a ser una asesina.
A N. el Estado, la sociedad, todos le fallaron. No lograron garantizar una vida libre de violencia y pretendían que ella continuara asumiendo las consecuencias de la violencia sexual. Porque sí, el embarazo, al ser producto de la violación, no es una bendición, es una secuela tortuosa.
Por ello se creó la NOM-046. Este es un ordenamiento de aplicación obligatoria para todo el sistema nacional de salud y que todas las autoridades a distintos niveles deben conocer para poder referir y dar atención a las personas que hayan sido víctimas de violencia sexual, familiar o de género.
Claramente se señala la obligación de las autoridades de tratar de restablecer la salud de las personas víctimas, mediante la atención médica y psicológica que requieran.
Se estipula que las niñas, adolescentes, mujeres cis, hombres trans, personas transmasculinas, personas no binarias y de otras identidades que estén embarazadas por la violencia sexual tienen derecho al aborto.
Este procedimiento no exige presentación de una denuncia, no impone un plazo para su acceso ni requiere convocar a comités de bioética para garantizarlo.
A través de la orientación médica, que luego debe quedar plasmada en el consentimiento informado, es que se debe explicar con información científica y actualizada el diagnóstico, pronóstico y posibles tratamientos, incluyendo los riesgos y beneficios de estos.
La OMS, la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia y el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva tienen lineamientos, manuales y guías de cómo realizar un aborto seguro en cualquier momento de la gestación. También han emitido información valiosa sobre por qué es muchísimo más riesgoso para una niña vivir un parto que un aborto.
En nuestro país, en 2025, 85 niñas y adolescentes fueron víctimas de muerte materna; ninguna debió morir.
También resulta inaudito el nivel de filtración de información personal de N., la cual tendrán que investigar las autoridades porque esto tampoco debió suceder.
N. merece una reparación integral del daño. N. merece una vida libre de violencia y nosotres deberíamos ser más prudentes con el consumo de notas amarillistas y tendenciosas, porque somos parte de este problema.
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