La oficina de Alfonso Ramírez Cuéllar en San Lázaro es un hervidero. Tiene una terraza sobre el jardín sur de la Cámara y ahí atiende a un grupo de jóvenes. Otras personas están en torno de una mesa en el interior. Hay una pequeña sala con sillones de cuero tan gastados como para requerir cojines extra y no hundirse hasta el piso. Dos banderas, la nacional y la de Morena, ambas del mismo tamaño. A la entrada, un cuadro de Van Gogh en papel de almanaque. Rojos violentos, amarillos de locura, pinceladas gordas.
No es una palabra frecuente para un veterano del partido con el poder nacional a plenitud, pero cuando Ramírez Cuéllar, vicepresidente de los diputados federales de Morena en San Lázaro, se refiere a los tropiezos en la conformación de una mayoría —cuya escasez le dio origen al ya aprobado plan B de la presidenta Claudia Sheinbaum— adelanta una parte sustancial de las iniciativas constitucionales de Morena para su presentación en septiembre, con miras a profundizar la Transformación.
“El segundo piso es profundizar los cambios. Ir más rápido y más profundo en las transformaciones que hemos hecho”, así de sencillo lo frasea. Y lo desglosa en piezas concretas.
“El piso principal fue el ingreso producto del trabajo, con motivo de la recuperación del poder adquisitivo del salario, que llega en estos momentos a alcanzar hasta 150%. Este ingreso producto del trabajo más la política social es la que nos permitió sacar a 13 millones de personas de la situación de pobreza”, sostiene.
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“Sobre la base de este piso común, de este piso parejo, encontremos igualdad de oportunidades, pero profundicemos los cambios. Profundizar los cambios quiere decir dotar a cientos de miles de familias de una vivienda”, plantea, no como consigna, sino como una etapa distinta, más exigente.
—¿Por qué no se logró la mayoría suficiente y se tuvo que recurrir al plan B?
—Es mucho más fácil, cuando el movimiento es muy fuerte, conquistar derechos, pero es más difícil acabar con privilegios. Entonces, nuestro gran reto es la lucha contra los privilegios, la lucha contra la corrupción y la lucha contra la impunidad. Este es el gran pendiente que tenemos —responde sin rodeos.
—¿Se refiere a los partidos de la alianza?
—A veces las coaliciones se unen sólo para ampliar derechos. Hemos reformado muchísimo el artículo segundo, también el artículo cuarto de la Constitución. Hemos cambiado el 27 y el 28 y el 25. Le hemos dado mayor fuerza al Estado mexicano.
“Pero cuando se busca erradicar privilegios, combatir la corrupción y acabar con la impunidad, las cosas se tornan más complicadas, más difíciles y no alcanzamos a veces la mayoría”.
En ese sentido habla de las ya mencionadas intenciones legislativas.
“En el mes de septiembre tendremos un paquete de cambios legales y constitucionales que deben cimbrar a todo el territorio y a la sociedad mexicana porque la presidenta de la República viene con todo y nosotros también acompañándola para garantizar que vamos a combatir la corrupción en México”, anticipa.
La apuesta no es menor. Busca reordenar la manera en que se vigila el uso del dinero público. Cada paso en su tiempo y estilo, dependientes del Poder Ejecutivo.
“Necesitamos que la Cuarta Transformación o su segundo piso tenga como base cuidar el dinero que los mexicanos pagamos como impuestos. Y el sistema nacional de auditorías y de fiscalización, tanto el que existe en los estados como el que existe en el país, deja mucho que decir. Tiene que modernizarse”, apunta.
Los cambios de fondo anunciados tienen todos relación con el combate contra la corrupción.
“El PRI cayó por corrupto; los gobiernos del Partido Acción Nacional o de la llamada transición se deterioraron, se fragmentaron, se destruyeron, porque malversaron los fondos y porque generaron muchísima impunidad. Y Morena tiene el gran reto de erradicar o de combatir con mayor fuerza la corrupción y entender que la impunidad no es ningún cemento para unificar los movimientos. Entonces, pues, estamos en esta batalla”, sostiene.
Además del trabajo institucional legislativo, Ramírez Cuéllar opera en la organización de convenciones con la mirada puesta en las elecciones de 2027.
En el Estado de México, por ejemplo, se trata de seguir construyendo la Unidad Mexiquense bajo la estrategia del diálogo directo y la aprobación del gobierno de la doctora Sheinbaum por siete u ocho de cada 10 mexicanos (nacionalmente) e igual proporción de mexiquenses (localmente).
—¿Esta estructura tiene que servir para la elección de 2027?
—Sí, estamos buscando que los siete u ocho de cada 10 que simpatizan con la doctora encuentren un vínculo directo de diálogo, de organización y de acuerdos para que se puedan movilizar y esa movilización tenga un reflejo electoral, político y electoral.
—¿Cómo se explica esta modificación en el uso del fracking? Antes estaban en contra.
—Pues como dicen: “La carga hacia el burro”. La necesidad nos llevó. Se impone la necesidad. Nada más que en los ranchos se dice: “La carga es la que hace al burro”, y aquí la necesidad nos hizo cambiar.
“Las exigencias prácticas y las tragedias climáticas y los problemas bélicos y de guerras nos pusieron en predicamentos, no solamente de incremento de precios, sino también de incertidumbres en el abastecimiento. El tema del clima se convierte en un factor decisivo, porque hace más de dos años el clima fue un factor que nos puso en riesgo de no tener gas, no generar energía eléctrica y poner también en peligro muchas de las empresas”.
—Oiga, y sobre la reunión de Barcelona, a donde fue la presidenta. ¿Qué le hace pensar esa reunión?
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—Siempre hay que tener en alto las banderas de la paz, de la convivencia pacífica, del respeto a todos los pueblos y de darle muchísima fuerza a la lucha contra el hambre y la miseria que padecen millones y millones de seres humanos en distintas partes del mundo.
—¿No le parece que resultó una cumbre muy chiquita?
—Las banderas más justas, muchas de las ocasiones las levanta un número reducido de personas o de países, pero después la justeza permite que esto se masifique y que se vuelva todo un sistema mundial, como después de la Segunda Guerra, ¿no? Entonces no nos desesperemos.
Dentro de la oficina, la conversación termina. Pero afuera, la actividad no cesa. Como el cuadro de colores intensos en la entrada, la política parece avanzar entre capas, tensiones y trazos que todavía están por definirse.
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