Ninde Molde En Contra del Mar

¿Quién cuida a la niñez y las adolescencias?

Dos videos me causaron tal impacto que aún puedo escuchar los gritos de una niña y el cinismo de un adulto.

En Coahuila, una niña lloraba y gritaba frente a policías y abogados implorando que no la dejaran con su papá, que le permitieran regresar con su madre pues el señor abusaba sexualmente de ella. Al señor le otorgaron la custodia. Gracias a la presión en medios, la niña se encuentra hoy con una tía y su padre está prófugo de la justicia.

El otro es del Estado de México. La madre de una adolescente de 14 años filtró un audio donde el maestro de su hija, de 50 años de edad, admite que, por decisión mutua de la adolescente y él, tienen una relación de pareja. Incluso tiene el descaro de decir que él quería pedirle permiso y que entendía su molestia. La madre decidió filtrar esta información luego de que en el proceso penal el agresor fue liberado, al parecer, luego de pagar una fianza de 75 mil pesos.

Ambos casos reflejan que las autoridades de justicia y de protección a niñas, niños y adolescentes son omisas y negligentes a la hora de buscar su bienestar.

En ninguno de los dos casos ni el Ministerio Público, ni los jueces familiares y penales aplicaron a cabalidad las metodologías de interés superior de niñas, niños y adolescentes ni de perspectiva de género. Se actuó de forma deficiente y se les ha hecho un daño irreparable.

En el caso de Coahuila, el video nos permite observar la indiferencia de todas las personas adultas frente a la desesperación de la niña. Probablemente estaban pensando que ella exageraba o mentía; no dudaría que alguna de las personas pensara que decía eso por influencia de la otra parte de la familia.

En el caso del Estado de México, si bien la autonomía de las adolescentes es central para garantizar sus derechos, es importante hacer un análisis de las circunstancias en las que toman esas decisiones, en las que pueden estar siendo influenciadas o coaccionadas por las relaciones jerárquicas con otras personas. Así que basta con saber el hecho de que el señor fuera su maestro y tuvieran una diferencia de edad de 46 años para entender que no es una relación consensuada y, de acuerdo a los hechos que sucedieron, decidir qué delito se imputará y las medidas de protección para ella y su familia.

El Estado y la sociedad les fallaron a ambas y tenemos el testimonio. Es urgente que prestemos atención a los procesos judiciales en los que intervienen niñas, niños y adolescentes para sensibilizar y capacitar a los operadores de justicia, y así prevenir que estas situaciones pasen.

Y nosotres, tenemos que actuar para prevenir que otras niñas, niños y adolescentes sean objetos de la violencia. Sí, necesitamos los mecanismos de justicia para tratar de reparar el daño que se originó por no haber evitado que ellas y otras fueran violentadas, pues hoy parece que nadie cuida a la niñez y las adolescencias.

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