Hace unos días conocimos casos de violencia en diferentes puntos del país. En ellos hay algunos elementos en común como la edad de los agresores: jóvenes o menores de edad. Y características de los escenarios en donde ocurrieron los hechos: centros escolares.
Algunos casos son el ocurrido en una escuela secundaria en Torreón, Coahuila, en donde dos jóvenes hermanos agredieron a profesores y alumnado, con consecuencias fatales. En Querétaro, un adolescente atacó a sus compañeros de secundaria. En Michoacán, algo similar ocurrió en un bachillerato. En San Cristóbal de las Casas, Chiapas, un alumno de sexto de primaria atacó a otro de primero, los dos de la misma escuela.
La violencia es un tema que se ha extendido ampliamente. Tanto en los hechos reales, como en los contenidos de los medios de comunicación. Las redes sociales replican muchas imágenes o videos en donde personas ejercen algún tipo de acción encaminada a causarle daño, lesiones o inclusive la muerte, a otra persona.
No podemos hacer caso omiso. Cada vez es más visible este tipo de eventos. Es decir, en la actualidad grabar con video un hecho de violencia es más fácil, está en nuestras manos el instrumento con el cual documentarlos.
Las tecnologías de la comunicación, los celulares, las redes sociales y las aplicaciones tecnológicas para enviar mensajes, son una ventana a la difusión masiva de violencia.
En algunos casos esos dispositivos pueden contribuir a una investigación o tener testimonio de los hechos. En otras ocasiones son la fuente principal de actos que, al verlos, nos indignamos.
Machetes, cuchillos, fusiles, bombas molotov. Distintos tipos de armas, artefactos fabricados de manera casera o compradas. Lo destacable es la violencia como respuesta empleada por personas jóvenes, de distintos puntos del país. ¿Qué motivaciones pueden tener para decidir actuar como lo han hecho?
Sin duda son múltiples factores. Desde el desarrollo biológico, psíquico e individual de una persona dentro de un núcleo familiar o comunitario. Pues el contexto en que se desenvuelve es determinante para algunas conductas.
Además, las historias de familias. Todas las personas nos vemos influenciadas por nuestro padre y madre, estén presentes o no. Por nuestros hermanos, tíos, primos, otros familiares. Ellos forman nuestro círculo de cuidado. O quizás una cueva de abandono.
Desde luego la sociedad también influye en nuestro entorno. Si lo que vemos a nuestro alrededor son gritos, estrés, competencia, traición, mentira, esos factores nos darán mensajes de hacia donde ir o hacia donde no dirigirnos.
Si sumamos los estereotipos de género; es decir, cómo ser un verdadero hombre y una verdadera mujer, añadimos a nuestro repertorio señales que podrán distorsionar nuestras decisiones.
Requerimos mucha contención para que la violencia no sea la respuesta, ni el camino para validar nuestras identidades de género. También creatividad para emplear la tecnología en favor de la no violencia y para hacer notar a los adultos la responsabilidad que nos compete.
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crs

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