Durante mucho tiempo, la traducción literaria fue considerada un oficio menor, una labor de penumbra poco reconocida y valorada en el ámbito cultural. A pesar de ello, quienes lo han ejercido, han dejado sobre su obra, la impronta de un compromiso supremo; en México, han sido las traductoras del siglo XX y XXI quienes transformaron esa aparente invisibilidad en un ejercicio de soberanía intelectual. Las traductoras mexicanas han fungido como puentes culturales, renovadoras de la lengua castellana y arquitectas fundamentales del canon literario hispanoamericano. Han sido y siguen siendo, pilares fundamentales para entender el pensamiento de nuestro tiempo.
En el siglo pasado, la traducción literaria en México fue un acto de audacia y formación estética. Autoras como Rosario Castellanos, Piedad Bonnett o Selma Ancira revolucionaron el panorama al hilvanar la historia del pensamiento con literaturas fundamentales. En ese mismo sentido, tenemos que recordar de manera especial la labor de editoras y traductoras como Margaret Randall, quien a través de la revista “El corno emplumado” facilitaron el diálogo bilingüe entre las vanguardias poéticas de la época. Ellas hicieron posible que la traducción funcionara como una escuela de estilo: al verter al español a los grandes autores europeos y anglosajones, las mujeres afinaron la prosa y la poesía nacional, desafiando la hegemonía masculina de las salas editoriales. Traducir supuso también seleccionar qué textos importaban, abriendo espacio para voces marginadas, filosóficas y feministas que de otro modo habrían quedado fuera del alcance del lector hispanohablante.
Con la llegada del siglo XXI, la figura de la traductora dejó atrás el mito de la autora sombra detrás del autor para ser reconocida como una coautora crítica y creativa. En la era contemporánea, traductoras como Isabel Zapata, Nair Anaya, Pura López Colomé o Selma Ancira, quien ha sido reconocida mundialmente por sus versiones de la literatura rusa y griega, entienden el oficio como una reescritura política y estética. Hoy en día, las traductoras no solo importan literatura extranjera, sino que rescatan del olvido a escritoras sepultadas por la historia y reivindican el valor de la pluralidad lingüística de México, traduciendo desde y hacia las lenguas originarias.
La importancia de las mujeres traductoras radica en su capacidad para reconfigurar nuestra lectura del mundo. Traducir es hospedar al otro en la propia lengua; un acto de empatía y rigor técnico donde la traductora moldea la sensibilidad de una época. En los siglos XX y XXI, las mexicanas no solo han mantenido vivo el flujo de la literatura universal en nuestro idioma, sino que han demostrado que detrás de cada gran texto traducido habita un ejercicio ineludible de rigor, libertad e inteligencia crítica.
Sirva este breve texto para exponer la importancia de las traductoras en la literatura, y también lo sea para manifestar públicamente mis profundas y sinceras disculpas a Melina Balcázar Moreno, académica, traductora y editora, que en días pasados recibió el Premio Bellas Artes de Traducción Literaria Margarita Michelena 2026.
Extiendo estas disculpas por la insensibilidad que manifesté en el acto de premiación y donde, no expresé la relevancia que la doctora Balcázar Moreno tiene en el mundo editorial y literario de México, misma que ahora reconozco de manera escrita y dejo de patente en este texto.
La formación intelectual de Melina Balcázar Moreno la ha consolidado como una de las especialistas más rigurosas en la literatura francesa e hispanoamericana contemporánea; su trascendencia literaria y editorial radica en su capacidad para ser un canal abierto de comunicación entre el pensamiento francófono y el ámbito hispano. Como investigadora, crítica literaria y editora, Balcázar ha profundizado en la obra de figuras fundamentales como Samuel Beckett y Severo Sarduy; su labor de traducción y análisis no solo enriquece el canon en español, sino que impulsa la circulación de ideas con una mirada crítica e imprescindible. El premio que recientemente le ha sido otorgado, es reflejo del talento, la constancia y dedicación de una mujer dedicada a la investigación y las letras.
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