Ninde Molde En Contra del Mar

Omisión de cuidados: el castigo por no ser la madre perfecta

Roxana olvidó a su hijo Vicente en su sillita en el auto. Habían ido a una fiesta; de acuerdo con su declaración, había bebido y, cuando llegó a casa, no recordaba que él estaba en la parte trasera del auto. Se metió a dormir. Cuando despertó ya era muy tarde: Vicente murió por un golpe de calor. De acuerdo con otras notas periodísticas, cuando la policía municipal arribó a su casa, la abuela materna sostenía a su nieto en brazos. Roxana no se dio a la fuga, está enfrentando el proceso. Este hecho es absolutamente horrible, aterrador y doloroso para todas las personas.

​Las redes sociales y, peor aún, casi todos los medios de comunicación están azuzando a la gente. Los titulares y el contenido hablan de que esta mujer debe pagar con todas las de la ley por no saber cuidar a su hijo. Los mensajes que se leen en la red vienen tanto de mujeres como de hombres que están furiosos porque ella no era una madre ejemplar, porque se divertía y bebía, porque subía videos de ella y su hijo bailando y pasándola bien, porque quería rehacer su vida, porque además de ser “mala madre” estaba peleando por la custodia de su hijo.

​Todos estos mensajes solo reflejan el machismo recalcitrante que aún habita en nosotres, porque se le está juzgando mediáticamente con tal severidad debido a que, como mujer y como madre, no cumplió el mandato de género que le obliga a ser una perfecta e impoluta cuidadora.

​Y no, no le quiero quitar responsabilidad. Evidentemente, el cuidado de una niña o niño exige que como personas adultas tengamos prudencia en nuestras acciones, pero sí es importante reflexionar que, si hubiera sido un hombre, los medios no estarían satanizando a quien olvidó al hijo, sino a la madre que dejó al cuidado a un hombre que “biológicamente no sabe cuidar”.

​Ninguna de las notas habla de en qué estado la encontraron a ella; eso tiene un motivo: si estaba en shock o llorando podría provocar empatía, y eso es algo que el patriarcado no quiere que sintamos hacia alguien que se equivocó. No hubo dolo en su acción, genuinamente se le olvidó —ya fuera entre el alcohol, el cansancio o la fiesta— como se nos han olvidado a nosotres otras cosas. No obstante, tuvo una consecuencia catastrófica para su vida; yo no creo que esté tranquila con lo que pasó.

​Hay un dicho que dice que para criar a una niña o niño se necesita toda una comunidad y lo creo fervientemente. No podemos depositar toda la responsabilidad en solo una o dos personas; sin embargo, en nuestras sociedades capitalistas así funciona. Por ello el movimiento feminista exige un sistema nacional de cuidados, porque criar y cuidar a cualquier persona es una tarea titánica, cansadísima, costosa, muy importante y de todas las personas.

​Pero la respuesta del Estado sigue siendo punitiva. Existe un delito que se llama omisión de cuidados, el cual se aplica en situaciones como la que está enfrentando Roxana y va acompañado de otro delito siempre de acuerdo a las consecuencias de la omisión; en este caso, homicidio.

​Este delito, aunque en su redacción no tiene un género, en su aplicación sí: se aplica a las mujeres por no saber cuidar. Hace algunos años, en la cárcel de Pachuca, conocí a dos chicas que estaban conmutando una sentencia de 30 años. El hijo de una de ellas se cayó y se descalabró mientras estaba al cuidado de la otra, que era su tía. Ambas fueron sentenciadas por homicidio por omisión. Estoy segura de que hay muchísimas historias más como esta, porque lo que el Estado quiere es que sigamos siendo madres abnegadas, y la existencia de este delito lo refrenda.

​Lamento mucho la terrible situación que vive la familia de Vicente; ojalá tengan acompañamiento para transitar esto de la mejor manera posible.


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