Con los anuncios del viernes en el informe y la conferencia mañanera el gobernador soltó el anuncio que en Hidalgo suele emocionar más que cualquier informe: se ampliará a ocho carriles la autopista México-Pachuca, del puente de Tejas a Zapotlán de Juárez, junto con un distribuidor vial. En el papel, suena a progreso. En los hechos, es apenas la mitad de la historia.
Porque el anuncio no es solo de asfalto. El gobernador Menchaca habló también de una nueva etapa de desarrollo en el sur de la zona metropolitana de Pachuca y en los municipios que integran esa nueva mancha urbana. Ahí, dijo, viene una explosión industrial impulsada por el nuevo polo de desarrollo y por la cercanía con el aeropuerto de Felipe Ángeles y el Arco Norte. Y ahí el discurso, por una vez, apuntó al lugar correcto: hace falta poner candados estrictos al desarrollo habitacional y a la planeación urbana, en el corto, mediano y largo plazo.
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Ojalá sea cierto. Ojalá esta vez sí.
Porque en Hidalgo la planeación urbana no ha sido política de Estado, ha sido un accidente que se repite cada seis años. Llega un gobernador, llegan sus ocurrencias, y con ellas se sepulta lo poco avanzado antes. En lugar de decisiones sustentadas en datos y en ciencia, hemos tenido un cúmulo de corazonadas millonarias y negocios disfrazados de proyectos urbanos, sobre todo en los sexenios priistas, cuando se privilegió el negocio inmobiliario sobre la ciudad planificada. El resultado lo vivimos todos los días: una Pachuca que colapsa en su movilidad y en su circulación.
Ese fue el pecado original de aquellas administraciones: construir ciudad pensando en el permiso que se vendía, no en la ciudad que se habitaría después. Fraccionamientos sin vialidades suficientes, zonas industriales sin planeación de transporte, crecimiento habitacional sin agua ni drenaje garantizados. Todo eso lo seguimos pagando.
Lo distinto ahora es que el discurso parece apuntar, al menos en el papel, a privilegiar el dato sobre la ocurrencia. La lógica que se insinúa es otra: pensar la zona metropolitana con ciencia, no para el sexenio, sino para las próximas décadas. Sería un cambio de fondo frente a lo que veníamos arrastrando. Pero esa visión, para que sirva de algo, tiene que trascender a esta administración, blindada en reglamentos y planes de desarrollo urbano, sin depender del capricho de quien gobierne después.
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Porque los planes urbanos en Hidalgo han durado lo que dura la buena voluntad de quien gobierna, y la buena voluntad es el material más frágil de la política mexicana.
La zona sur metropolitana, con el imán del aeropuerto y el Arco Norte, va a crecer con o sin planeación. La pregunta no es si llegará la explosión industrial y habitacional, sino si Hidalgo estará listo para ordenarla, o si una vez más construimos primero y planeamos después, cuando ya no haya nada que planear.
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mho
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