Ser hombre es una metáfora que implica algunos riesgos. Más allá del cuerpo biológico y sexuado, ser hombre es un conjunto de ideas que asumimos todas las personas. Quienes nacemos con órganos de varón y quienes nacen con órganos femeninos, crecemos rodeamos de un conjunto de prejuicios sobre lo que es hombre.
Desde hace mucho tiempo tenemos una imagen del ser hombre: alguien varonil, fuerte, protector, por mencionar algunas. Este estereotipo no es más que eso, un conjunto de ideas distorsionadas sobre el ser. Esa distorsión nos hace creer que un hombre debe procrear, trabajar, proveer, ganar dinero, tener poder, manutener.
Y como éste último verbo, manutener, ser hombre es transitivo para significar. Me refiero a que al sustantivo necesitamos añadirle otra cualidad, otro adjetivo, para que nos represente algo: un hombre de verdad; un hombre responsable; un hombre hecho y derecho.
La metáfora Hombre encuentra en la Masculinidad su concepto imaginario y articulador de conductas. Al adherirnos al genérico, le damos “contenido” a la colectividad. Pertenecer a la masculinidad nos caracteriza como aquella persona que podrá amparar, proteger, mantener un estatus, un poder, una economía; que tiene derecho y privilegio de ejercerse como tal.
En otros momentos podemos usar la metáfora como pleonasmo: un hombre violento; hombre tenías que ser; dejaras de ser hombre. Estos ejemplos parecen un tanto dramáticos al pensar que una persona del sexo masculino es por definición alguien violento, incapaz de reflexionarse.
Dramático porque las estadísticas constatan la violencia ejercida por los hombres hacia mujeres, niñas y otras identidades. Ser un hombre de verdad es un varón que no le teme a nada, que se arriesga, se adelanta, que siempre va hacia adelante, en búsqueda del triunfo, del éxito.
Entonces aparece en el escenario mundial el presidente de uno de los países más poderosos del planeta gritando a los cuatro vientos que “el epicentro de la violencia de los carteles es Mexico”, que estos delincuentes son responsables de derramar sangre y crear caos en el continente y hay que combatirlos.
Esto se suma al contexto sobre la violencia en nuestro país. En lo que va del primer cuarto de siglo hemos transitado por distintas políticas de seguridad para abatir a hombres violentos, delincuentes y asesinos, objetivo sin duda loable, desde la violencia.
Pienso que asumir el estereotipo de ser hombre conlleva muchos riegos: desear un vínculo y someter a la pareja; procrear, hacer familia y abandonar; proveer por medio del delito; obtener poder desde la opresión; proteger a cargo de la vida propia; enriquecerse ilícitamente: perpetuar una metáfora por miedo a perder.
Porque a pesar de la pregunta constante qué es un hombre, seguimos con la inquietud y la duda que entona Fangoria: “quiero encontrar, un hombre de verdad. A veces pienso que no existe. Algo realmente masculino. Yo quiero algo especial y no lo hay”. Otro riesgo de ser hombre: no serlo en el intento.

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