Paradojas
Cuando cada individuo persigue su propio interés, una mano invisible en la economía conduce a resultados benéficos para la sociedad. Así podría simplificarse la paradoja de Adam Smith. Explícitamente: no es con la generosidad del panadero que se produce el pan, sino con su interés personal que coincide con el social y la suma de todos los egoísmos termina en acciones altruistas.
La idea promete el biencomún sin la intervención colectiva de los millones de manos que actúan sin un coordinador especial. La paradoja aparece cuando ese efecto social positivo no ocurre y la búsqueda egoísta de los bienes privados no hace económicamente posible lo socialmente deseable, cuando algunos empresarios confunden mano invisible con manos libres.
La mala interpretación de la tesis es considerar a la mano invisible como una fuerza mágica, cuando ésta es solo una metáfora de AS (Escocia, siglo XVIII) cuya frase la usó tres veces en toda su obra escrita al explicar el funcionamiento de la economía de mercado, un orden espontáneo que históricamente se estructuró para el intercambio de bienes. La mano invisibleno era una idea central en La Riqueza de la Naciones, acaso un recurso didáctico para ilustrar cómo las decisiones individuales, tomadas en libertad y bajo el interés propio, suelen beneficiar a la sociedad. Pocas tesis al paso del tiempo han sido tan mal interpretadas, al grado de hacerlas dogmas en algunas escuelas de pensamiento tres siglos después.
Pero la mano invisible funciona solo bajo condiciones de competencia perfecta, información plena, ausencia de externalidades o deseconomías, instituciones fuertes, con actores económicos racionales. Como esas circunstancias solo ocurren excepcionalmente, la mano invisible ha sido una y otra vez rescatada por el Estado, y por lo visto cada vez requerirá más de su vigilancia.
En su significación moderna, cuando muchos precios son asignados por algoritmos, se admite que los mercados, sujetos a la competencia generan cooperación, pero sin límites, la destruye. Se necesitan instituciones y límites, porque si todos buscan sin reglas el provecho propio, el beneficio colectivo desaparece. Menos aún, la mano invisible no funciona en un cuapitalismo, de los amigos del gobierno. Smith sugiere que la economía de mercado no debiera separarse de la ética, y así tal vez conseguir un capitalismo más justo y más humano.
Por: Luis Ángeles
- Cronómetro Hidalgo | 10 de junio 2026
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