La foto y el momento histórico

Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum pronunciaba un discurso férreo en defensa de la soberanía nacional, del otro lado del escenario político parecía no entenderse el tamaño del momento histórico que vive el país.

Porque sí: la actual administración de Estados Unidos ha comenzado a mover piezas para debilitar a uno de los movimientos políticos más fuertes del siglo XXI en América Latina. Lo hace desde los espacios diplomáticos, mediáticos y judiciales; con filtraciones, presiones y narrativas que la derecha mexicana ha abrazado con entusiasmo casi automático.

Y mientras eso ocurría, en Plaza Juárez, en Pachuca, algunos operadores políticos parecían más preocupados por la foto aérea, el dron y el conteo de burócratas movilizados que por construir un verdadero respaldo político y social a la presidenta.

“El pueblo bueno”, ese que caminó campañas, defendió el proyecto en los peores momentos y sigue votando por el movimiento gobernante, simplemente no apareció en la convocatoria. O apareció lejos. Fuera del cuadro. Como si estorbara.

Pero no fueron los únicos relegados.

En la plaza pudo verse algo que en política suele decir más que los discursos: el acomodo del poder. Adelante, los consentidos, los cercanos, los que buscan mantenerse en la nómina del futuro. Atrás o en las orillas, las amenazas internas, los incómodos, los que no forman parte del grupo correcto para salir en la imagen.

La política de las filas no suma pero también comunica.

Y quizá ahí está el problema: mientras la presidenta necesitaba mostrar músculo político real frente a una embestida internacional que horas después encontraría eco en declaraciones del embajador estadounidense y en una publicación del LA Times que pone bajo sospecha a dos gobernadores de Morena, algunos decidieron convertir el acto en una pasarela de lealtades locales.

Como si no entendieran que el tamaño de la coyuntura exige otra cosa.

Porque cuando un gobierno extranjero comienza a intervenir en la conversación política interna mexicana —aunque sea mediante filtraciones sin fuente clara, campañas mediáticas o presiones diplomáticas— lo que se requiere no es una fotografía bonita para redes sociales. Se necesita cohesión política, respaldo popular y lectura histórica.

La pregunta es inevitable: ¿de verdad entienden el momento que vive el país?

¿Entienden que la presidenta necesita toda la fuerza política de su movimiento y no solamente un grupo acomodado buscando la bendición para la siguiente candidatura?

Porque una cosa es organizar un evento y otra muy distinta es estar a la altura del momento histórico.

crs


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