Areli atiende en la colonia Centro de Ajacuba
Antes de estudiar quiropráctica, herbolaria y masoterapia, Areli Morales Monroy ya sabía cuál era su sueño: aliviar el dolor de las personas con sus propias manos. Hoy, después de 16 años dedicada a la medicina tradicional, asegura que encontró el camino que la vida siempre había preparado para ella.
A sus 46 años, la originaria del municipio de Ajacuba recuerda que desde niña observaba cómo los masajes ayudaban a sus padres a sentirse mejor. Aquellas escenas despertaron en ella un profundo deseo de servir a los demás.

“Yo veía los beneficios que tenían y decía: algún día quiero hacer eso, quiero ayudar a las personas por medio de los masajes. Ese era mi sueño”, compartió.
Sin embargo, el destino la llevó primero por un rumbo muy distinto. Inició estudios en electrónica y automatización, pero pronto comprendió que esa profesión no llenaba su corazón.
“Me di cuenta de que eso no era lo mío. Entonces empecé a buscar lo que realmente me apasionaba y la vida me fue regresando al lugar donde tenía que estar”, relató.

Ese regreso significó años de preparación mediante cursos de herbolaria, masoterapia y certificaciones en quiropráctica y angeloterapia. Cada aprendizaje, dijo, tuvo un solo propósito: ayudar a quienes llegan a ella buscando alivio.
Más allá de tratar dolores de espalda, cadera o nervio ciático, Areli asegura que muchas personas llegan cargando preocupaciones, tristeza o angustia.
“No solamente llegan con dolor físico. Muchas veces llegan con el corazón cansado, con problemas o con tristeza. Poder brindarles un masaje, escucharlos y acompañarlos en ese momento también forma parte de la sanación”, expresó.
Confesó que al principio sintió miedo, pues trabajar con el cuerpo de otra persona representa una enorme responsabilidad. No obstante, gracias a la enseñanza de sus maestros aprendió a realizar las terapias de manera segura y a reconocer cuándo un paciente necesita atención médica especializada.
“Si detectamos una posible fractura o una lesión que requiere un médico, somos los primeros en decirles que vayan a hacerse una radiografía. Lo importante es ayudar de la manera correcta”, afirmó.
Los casos que más satisfacción le dejan son aquellos en los que las personas recuperan su movilidad después de llegar sin poder caminar correctamente o con intensos dolores en la cintura y la cadera.
“Verlos regresar a sus actividades, caminar mejor y sonreír otra vez es algo que no tiene precio”, dijo.
Actualmente, Areli atiende en la colonia Centro de Ajacuba, donde continúa cumpliendo el sueño que nació en su infancia y que hoy se ha convertido en una vocación de vida.
Al preguntarle si volvería a elegir este camino, su respuesta fue inmediata.
“Sí, sin pensarlo. Hoy entiendo que este era mi lugar. La vida me llevó por otros caminos, pero al final me regresó a donde realmente pertenezco: a servir y ayudar a las personas”.
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