El Día de Muertos se vivió en Hidalgo entre colores, aromas, sabores y tradición, con miles de familias que recordaron a sus seres queridos a través de altares, visitas a los panteones y diversas expresiones culturales que mantuvieron viva una de las celebraciones más representativas de México.
Desde el Valle del Mezquital hasta la Huasteca, pasando por el Altiplano, la zona metropolitana y la Sierra, las comunidades participaron en las festividades con características propias de cada región, pero con un objetivo común: honrar la memoria de quienes han partido y preservar sus recuerdos.

En los hogares hidalguenses se instalaron altares adornados con flores de cempasúchil, veladoras, fotografías y alimentos tradicionales. El aroma de las ofrendas se hizo presente tanto en las casas como en calles y panteones, donde las familias se congregaron para recordar a sus seres queridos.
Los cementerios se convirtieron en espacios de encuentro y convivencia. Desde temprana hora, visitantes acudieron a limpiar y adornar tumbas, depositar flores y compartir anécdotas que evocaron momentos de alegría y nostalgia. Para muchas familias, estas fechas representan también una oportunidad para reflexionar sobre la vida, la herencia familiar y el legado de quienes ya no están físicamente.

Las calles también se llenaron de celebración con desfiles y actividades culturales en los que participaron catrinas y catrines, personajes emblemáticos de esta tradición. Niñas, niños, jóvenes y adultos se sumaron a los recorridos con vestimentas y caracterizaciones alusivas a la festividad, fortaleciendo el sentido de identidad cultural.
El Día de Muertos, reconocido como una de las expresiones culturales más representativas de México, continúa trascendiendo generaciones y fronteras. En Hidalgo, la celebración se vive con especial arraigo y orgullo, como una tradición que fortalece los lazos familiares y comunitarios.

Más allá de los altares, la gastronomía y las actividades culturales, la conmemoración dejó como principal legado la convivencia familiar, la memoria colectiva y la certeza de que quienes son recordados permanecen presentes en la vida de sus seres queridos.

Por: Benjamín H.V.
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