Robos con violencia se disparan en la gestión de Lorena García

Desde la llegada de Lorena García Cázares a la presidencia municipal, los índices delictivos en Tulancingo no han dado tregua. Pese a los anuncios de inversión en tecnología de videovigilancia y la adhesión al Mando Coordinado estatal, la violencia armada se ha volcado contra las calles, dejando al sector comercial como la principal víctima de una crisis de inseguridad que no cesa.

El propio diagnóstico oficial de la actual administración confirma que la inseguridad era la principal preocupación ciudadana al asumir el cargo, una problemática que, a dos años de gestión, lejos de contenerse se ha agudizado.

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De acuerdo con el Censo de Proyectos para la Infraestructura —herramienta de la Unidad de Planeación y Prospectiva del Gobierno Estatal utilizada para definir las necesidades del Plan Municipal de Desarrollo 2024-2027—, el rubro de “Justicia y Seguridad Pública” concentró el 44.4% de las menciones ciudadanas.

El reclamo popular por la violencia supera por más del triple al segundo tema de mayor preocupación, “infraestructura y espacios públicos” (13%), y al tercer lugar, ocupado por los servicios públicos (10.7%).

Cifras confirman el repunte violento

La narrativa oficial de contención choca con las estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), las cuales documentan un drástico viraje hacia la delincuencia armada a plena luz del día.

En materia de robo a negocio con violencia, el municipio registró cero denuncias en 2016 (frente a 63 sin violencia). Para 2025, la cifra escaló a 53 robos violentos y 70 no violentos. En lo que va de 2026 (enero a julio), la estadística suma 54 asaltos armados a comercios —superando en solo siete meses la totalidad del año anterior— y 55 sin violencia.

El robo a transeúnte con violencia muestra el mismo patrón: de cero casos en 2016 (y ocho sin violencia), el municipio pasó a 23 asaltos violentos en 2025. Durante los primeros siete meses de 2026, los registros ya contabilizan 15 robos violentos a peatones y nueve sin violencia.

Esta numeralia repercute en el andar diario de la ciudadanía. “Ya no caminas igual. Antes salías del trabajo a las ocho o nueve de la noche, pasabas por el centro a comprar algo y te ibas caminando a tu casa sin pensar en nada. Hoy, si ves venir una moto con dos personas, te metes a un local o cambias de acera inmediatamente. En Tulancingo se sentía esa tranquilidad de provincia; ahora caminas con el miedo pegado a la espalda”, relató un habitante que pidió el anonimato.

Atracos en motocicletas para huir con rapidez, asaltos a mano armada en tienditas de abarrotes y robos a joyerías a plena luz del día forman parte de la mecánica delictiva que sufren los comerciantes en los corredores del centro y avenidas principales.

Gasto en tecnología, sin resultados en la calle

La escalada de asaltos ocurre a la par de desembolsos millonarios autorizados por el ayuntamiento para el Centro de Atención en Seguridad, Videovigilancia Inteligente y Monitoreo Policial (CASVIMP).

Destacan 10 millones de pesos invertidos en el C2 Móvil de videovigilancia entregado en julio de 2026 y que se estrenó en la Expo Feria Tulancingo 2026, concesionada a un empresario; 4 millones 750 mil pesos del Fortamun 2026 aprobados recientemente para la compra de cuatro drones con accesorios; a eso se suman los 2 millones 589 mil 120 pesos erogados el año pasado para equipo aéreo no tripulado, según información de la Plataforma Nacional de Transparencia.

A pesar de acumular más de 17.3 millones de pesos en equipamiento tecnológico, la inversión no ha logrado disuadir a la delincuencia ni detener las pérdidas del comercio local.

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El repliegue del sector comercial

La vocación comercial y el dinamismo textil que caracterizaron a Tulancingo hoy están supeditados a un horario de cierre dictado por el miedo. Negocios familiares con décadas de tradición se han visto obligados a recortar sus jornadas de atención, suspender turnos nocturnos y reducir personal para no exponerse a la delincuencia, destinando parte de sus ingresos al pago de alarmas, rejas y cámaras de vigilancia privada.

“Antes la preocupación era vender; hoy la preocupación es no ser asaltado y cerrar a tiempo para llegar seguros a casa”, coinciden comerciantes del primer cuadro. Mientras los presupuestos en tecnología se agotan, el comercio local sigue pagando el costo de una estrategia de seguridad que no ha logrado frenar los robos.

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