Layla grupo de rock pop

Marisol Vargas encontró en la músicay la fisioterapia dos formas de sanar

Para Marisol Vargas Gutiérrez, cantar nunca fue un pasatiempo. Desde que era una niña en Poza Rica, Veracruz, imaginaba que cualquier objeto era un micrófono mientras imitaba a grupos como Kabah y OV7. Hoy, ese sueño infantil la ha llevado a convertirse en la voz y fundadora de Layla, una agrupación hidalguense que busca abrirse camino con un mensaje claro: hacer sentir a las personas a través de la música.

Junto a Christian Casañas en la guitarra, Jorge Guerrero en el bajo y René Sánchez en la batería, Marisol ha logrado consolidar un proyecto que nació en 2019 y que, pese a los cambios de integrantes y a los retos que trajo la pandemia, encontró en la amistad y la pasión por la música la fuerza para seguir adelante.

“Lo que nos ha hecho permanecer es la química que tenemos. Somos grandes amigos y excelentes músicos; eso se refleja en cada escenario”, expresó.

Aunque nació en Veracruz, fue el trabajo de su padre el que llevó a su familia a Hidalgo hace casi tres décadas. Desde entonces, Pachuca se convirtió en el lugar donde construyó su vida, sus amistades y donde

comenzaron a hacerse realidad los sueños que la acompañaban desde la infancia.

“Todas las cosas bonitas que me han pasado han sido aquí”, dijo con orgullo.

Marisol recuerda que comenzó a cantar profesionalmente a los 17 años. Si bien tomó algunas clases de técnica vocal, asegura que el mayor aprendizaje ha sido el escenario y la disciplina de cantar semana tras semana.

Para ella, interpretar una canción significa mucho más que afinar una melodía.

“No solo canto; necesito sentir cada palabra. Lo más bonito es ver que la gente también la siente, que conecta con esa emoción. Esa energía que compartimos con el público es lo que más disfruto”, comentó.

“La música alimenta mi corazón y la fisioterapia alimenta mi alma”

Ese deseo de transmitir emociones también la ha llevado a escribir canciones desde la adolescencia. Hoy conserva decenas de composiciones que espera convertir, junto con Layla, en un proyecto musical propio.

“Tenemos mucho material escrito. Lo complicado es reunirnos porque todos tenemos otras profesiones, pero nuestro sueño es que la gente algún día escuche nuestras propias canciones y haga suyas esas historias”, afirmó.

Fuera del escenario, Marisol también dedica su vida a ayudar a los demás. Es fisioterapeuta y trabaja con pacientes neurológicos y personas con lesiones musculoesqueléticas, una profesión que, asegura, también le permite transformar vidas.

“La música alimenta mi corazón y la fisioterapia alimenta mi alma. Ver a un paciente recuperarse y volver a hacer cosas que creía imposibles es una satisfacción enorme. No podría elegir entre una y otra”, expresó.

Con la misma pasión con la que interpreta cada canción, la vocalista hizo un llamado a respaldar a los artistas de la entidad.

“En Hidalgo hay muchísimo talento. Solo necesitamos que la gente nos dé la oportunidad de escucharnos, de acompañarnos y de creer en los músicos locales. Cada aplauso y cada presentación significan mucho para quienes vivimos de esto y ponemos el corazón en cada canción”, concluyó.

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