Columna Adogma

Salud mental y diversidad de género

La salud mental de una persona está asociada a su capacidad para mantener sus emociones y comportamientos en balance. Éste, depende de factores biológicos, orgánicos, sociales, cognitivos, ambientales, entre otros.

De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, ese balance es considerado como bienestar, y nos permite a las personas hacer frente a situaciones como el estrés, nuestros cambios de ánimos o la manifestación de nuestros sentimientos. Inclusive, nuestras conductas ante situaciones difíciles, de miedo, pánico o dolor.

Lo anterior implica desarrollar capacidades psicosociales, que podemos comprender como las habilidades para convivir con nosotros mismos, con otras personas, en la vida diaria y que incluye sin duda vivir momentos de angustia.

La angustia, esa mezcla de múltiples sensaciones que experimentamos sin alguna causa precisa, nos hace sentir inquietos, con insomnio, inapetentes, desinteresados y al mismo tiempo agitados.

En algunos casos extremos pueden manifestarse situaciones de autolesión. Es decir, la persona que está angustiada, ansiosa, puede llegar a causarse daños físicos con el fin de detener ese dolor.

Nuestra salud mental está relacionada con muchos factores y se vincula con aspectos de nuestros propios organismos, así como el contexto en que vivimos, las personas con quienes nos relacionamos, y desde luego, las sociedades que hemos construido, con sus conceptos binarios, limitados y etiquetas sesgadas.

Sobre todo, aquellas que tienen que ver con la diversidad de identidades y género. Todas las personas somos distintas, no solamente en el aspecto físico. Sino sobre todo en lo psíquico mental.

Y es que las identidades y diversidades de género, son construcciones tanto individuales (psíquicas) como sociales porque incluye información que las demás personas procesamos en colectivo.

Cuando la sociedad no admite de forma saludable las diversas identidades, preferencias y géneros, limitamos la expresión de quienes no concuerdan con las etiquetas preestablecidas. Y con ello, contribuimos al deterioro de la salud mental de las personas que se adscriben diversas.

En México, 37% de personas de la comunidad LGBTQ+ de más de 18 años señaló haber sido sujetas a discriminación, de acuerdo con el INEGI (2021).

En 2024, se llevó a cabo en Mexico la Encuesta Nacional sobre la Salud Mental de las Juventudes LGBTQ+, a cargo de The Trevor Project, organización especializada en prevención del suicidio para las juventudes lesbianas, gays, bisexuales, trans, queer y más.

Ésta documentó que en nuestro país el 53% de las juventudes de esta comunidad han considerado el suicidio, incluyendo a juventudes trans y no binarias. Y que 1 de cada 3 jóvenes LGBTQ+ intentó suicidarse.

El 70% de dichas personas manifestaron situaciones con sus familias como principal motivación, lo que implican no ser aceptados; en el 60% de los casos, señaló situaciones en sus escuelas y en el 40% por sus orientaciones sexuales.

Desde nuestros hogares podemos contribuir a transcender la discriminación de las personas de la diversidad, para ampliar la salud mental de la sociedad.

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