La fecha se acerca. El ánimo colectivo se abulta y se enaltece la pasión futbolera. La recién conclusión del campeonato mexicano de futbol aviva el preámbulo. Nos alistamos para ver a las escuadras de todo el mundo enfrentarse por un mismo objetivo. Levantar una copa de oro que los etiquete campeones mundiales.
En ese contexto vivimos la lucha por el poder. Esta lucha sí tiene género. Es eminentemente patriarcal. En pleno receso legislativo se aprueban reformas a las reglas electorales en el país. Se busca reducir las posibilidades de la competencia, al menos se pretende restringirla en favor de quienes lo detenten.
Las investigaciones judiciales son un reality show. Las Fiscalías persiguen, buscan y sentencias a lo antiguo. Las personas señaladas se presentan como quien asiste a un encuentro festivo, con la salvedad de acudir pendencieros. Las dudas quedan. No sabremos ni quién, ni cómo. Sentenciamos desde la acusación.
Las movilizaciones sociales se presentan días antes del mundial. Bloquean avenidas altamente transitadas por miles de automovilistas que circulamos. La transformación tampoco logró cambiar el modelo de traslados y transporte.
Observamos argumentos esquizoides. Nos angustia la intervención extranjera, pero damos cabida a la interna. No queremos manos extranjeras en nuestras elecciones. No importa que el crimen organizado incida que, al fin y al cabo, es producto nacional.
Las personas salen a la calle. Abren sus negocios, esperan las ventas que les reditúen ganancias. Las juventudes acuden a las escuelas, en el mejor de los casos. Hoy no hay clases por el consejo técnico de la SEP, cualquier cosa que eso signifique.
Otras personas más emprenden sus ideas productivas. Se entusiasman. Buscan independizarse. Trabajar para vivir sus vidas a su modo. Al menos, para lo que les alcance y les motive. El herrero, personal de limpieza, los médicos. La burocracia con sus jefes en turno.
La dinámica noticiosa sigue un mismo ritmo patriarcal. Acudimos al templo del poder para replicar lo que el poderoso haya a bien decidido declamar. Quién tiene poder para decir algo sobre qué tema. Sea noticia política, deportiva o de espectáculos. Política y medios contribuimos al patriarcado.
Nuestra organización legal pondera lo masculino. A pesar de los avances en materia legal para proteger a mujeres, niñas y menores de edad. Los empleos y el trabajo siguen divididos en tareas para ellos y ellas.
Los trabajos para hombres se creen importantes. Son aquellos empleos para ejercer el poder, la toma de decisiones y las sentencias. Las tareas de las mujeres se piensan secundarias, accesorias, para lograr un acompañamiento estético del despliegue masculino.
Se entrelazan estas ideas en un baile tan antiguo como la historia misma. Y pensamos que el actuar de Poncio Pilato es destino. Aparecer ante el tumulto. Enlistar los supuestos cargos con amplificador y otorgarle a la multitud la decisión del veredicto. Sin duda, metáfora de nuestra vida contemporánea. Pero calma, falta menos para el silbatazo inicial.
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crs

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