Subir la tarifa del transporte público en Hidalgo a 12 pesos no es solo un ajuste económico: es una declaración de prioridades. Se cobra más por un servicio que, en los hechos, opera con estándares mínimos de seguridad.
Las Urvan, esas camionetas de carga adaptadas al transporte público, siguen siendo la columna vertebral de la movilidad en Pachuca y su zona metropolitana, aunque su diseño jamás contempló transportar personas en condiciones de hacinamiento ni resistir impactos con pasajeros sin sujeción.
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La física no miente, pero la negligencia sí mata. Las estadísticas en la entidad reflejan una realidad sangrienta: la imprudencia de los operadores sumada a la fragilidad de estas unidades. El 23 de junio de 2023, un accidente en la carretera México-Pachuca, a la altura de Zapotlán, dejó un saldo de tres personas muertas y más de 10 heridos cuando una unidad volcó por exceso de velocidad. Los pasajeros, que no cuentan con cinturones de seguridad en las bancas traseras, fueron proyectados contra el pavimento; el techo de la unidad se comprimió como una lata de aluminio.
Otro caso crítico ocurrió el 15 de enero de 2024 en la ruta Pachuca-Zempoala, donde el choque frontal de una colectiva contra una luminaria demostró que estas unidades carecen de zonas de absorción de impacto para quienes viajan en la cabina trasera. Sin cinturones y con asientos anclados de forma precaria, el usuario se convierte en un proyectil humano ante cualquier frenado seco.
A pesar de las restricciones oficiales, la escena se repite todos los días: personas de pie, dobladas, sujetándose como pueden. Cinco, seis más de los permitidos. La Urvan no está diseñada para eso. Su centro de gravedad, ya de por sí alto, se vuelve inestable cuando se carga de más y, peor aún, cuando ese peso no está fijo. Basta un volantazo o un frenado para que la unidad pierda equilibrio.
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Ir parado en estas condiciones no es una incomodidad: es una sentencia estadística. A más de 60 kilómetros por hora, las probabilidades de salir ileso se desploman. No hay dónde sujetarse realmente, no hay protección lateral, no hay nada entre el cuerpo y el asfalto más que una lámina delgada.
Vale la pena darse la vuelta para conocer el transporte público de otros estados con precios similares o más baratos que el de Hidalgo para darse cuenta que ahí el usuario sí es la prioridad.
Mientras en otras entidades se invierte en unidades de gran capacidad con estándares de seguridad internacional, el usuario hidalguense hoy paga más por un vehículo que no fue diseñado para ser transporte masivo, operado por choferes que confunden las avenidas con pistas de carreras.
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