Dos acontecimientos de trascendencia mundial se registraron hace un par de semanas. Por una parte, atestiguamos el inicio del arzobispado de una mujer como cabeza de la Iglesia Anglicana, y por ello, se convirtió en su lideresa mundial. Por otra parte, conocimos el veredicto de un jurado en una corte de justicia en Estados Unidos contra las principales plataformas digitales como Facebook, Instagram, YouTube, Snapchat, TikTok.
En el caso de la Iglesia Católica aún no permite entre sus filas la participación de mujeres como sacerdotisas. La Iglesia Anglicana sí. Ésta, surgida en Inglaterra en 1534, es una congregación que lleva al menos tres décadas con mujeres al frente de sus actividades religiosas.
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Sarah Mullally, es una mujer de 63 años que se ordenó sacerdotisa a los 40, mientras trabajaba como enfermera en los servicios médicos de su ciudad, según hemos podido conocer a través de las noticias. Ella se convirtió de manera formal en la arzobispa de Canterbury y por ello en lideresa espiritual de su comunidad.
Esta congregación de amplísimo arraigo en el mundo, surgió como un momento histórico tan lejano como, por ejemplo, las incursiones navegantes patrocinadas por los reyes católicos del entonces reino de Castilla, que derivaron en el descubrimiento de América y la posterior invasión y sometimiento de las civilizaciones prehispánicas.
Con respecto al juicio y sanción impuestas a la empresa Meta, dueña de las redes sociales Facebook e Instagram, conocimos que una corte de justicia norteamericana la condenó a pagar 375 millones de dólares por no proteger a menos de edad por riesgos a su salud, a su seguridad y exponerlos a la explotación sexual.
En los alegatos y argumentos del juicio, se expusieron que esas redes sociales generan adicción y ponen en peligro la vida de personas menores de edad, conforme a lo expuesto por el fiscal general de Nuevo México, Estado Unidos, Raúl Torrez, quien señaló que Facebook e Instagram engañan “a los consumidores sobre la seguridad de sus plataformas y poner en riesgo a las criaturas”.
Otra sentencia, esta iniciada por una denuncia de una joven quien señaló haberse vuelto adicta a YouTube, Instagram, Snapchat y TikTok desde los nueve años, cuando empezó a tener acceso a dichas redes sociales. El jurado dio la razón a la joven y ordenó a las empresas a pagar daños “compensatorios” y “punitivos” por las consecuencias ocasionadas.
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Algunas de esas consecuencias padecidas por la denunciante fueron “comportamiento compulsivo de las redes sociales” desde niña, lo que derivó en otros efectos como depresión, ansiedad, dismorfia corporal, ideas suicidas, entro otros problemas mentales y emocionales.
El asenso de una mujer como lideresa espiritual de una congregación como la Iglesia Anglicana representa, si duda, un hito cultural a gran escala. Puede representar una ventana a la apertura e inclusión mundial.
Las sanciones a las redes sociales deben significarnos un llamado urgente para el autocuidado y de nuestra niñez. ¿Cuántos de nosotros ya hemos desarrollado alguna dependencia o adicción a esas plataformas?
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