María de Lourdes cocinera

Con la sazón de su madre, María de Lourdes cocina la historia de su pueblo

En el corazón de Lagunilla, una comunidad del municipio de San Salvador, Hidalgo, vive María de Lourdes Cruz Bustamante, una mujer de 54 años que ha dedicado toda su vida a preservar y compartir los sabores de la cocina tradicional mexicana. Con una voz serena pero orgullosa, Lourdes recuerda que su amor por la cocina nació al lado de su madre, quien fue la primera en enseñarle los secretos del comal, los guisados y la comida de rancho.

“Mi mami decía: ‘Fíjate, hija, que esto es muy bueno. La comida es muy bendecida’”, relata con nostalgia. Aquellas palabras no solo marcaron su infancia, sino que se convirtieron en la filosofía de vida que Lourdes ha transmitido a sus propios hijos y a quienes la rodean.

Foto: Dulce Castillo

Desde muy joven, Lourdes se involucró en la preparación de platillos típicos como quesadillas, pancita, mole de olla, caldo de gallina de rancho, habas y alberjones, entre otros. Aunque ya no tiene físicamente a su madre, continúa con su legado desde su negocio familiar: Antojitos Mexicanos Doña N, una cocinita que ha sido su fuente de vida y orgullo durante décadas.

Foto: Dulce Castillo

“Empezamos con cosas sencillas, como quesadillas, pero con el tiempo fuimos aprendiendo a hacer guisados más elaborados como el mole de guajolote. Todo lo que sé, me lo enseñó mi mamá”, afirma con una sonrisa cálida.

La rutina diaria de Lourdes inicia desde las 4 de la mañana. “Hay que levantarse temprano para preparar el atole, el café, las salsas, los guisados que se piden para las quesadillas. Todos los días es igual, pero lo hago con gusto”, dice. Su jornada laboral se extiende hasta las 5 de la tarde, y aunque el trabajo es demandante, no está sola. Su esposo, dos ayudantes y su hijo quien estudia en la universidad colaboran con ella en el negocio. Él ya sabe preparar enchiladas y quesadillas, y está aprendiendo poco a poco lo que implica mantener viva una cocina tradicional.

Lourdes ha sobrevivido toda su vida gracias a su cocinita. No se queja; al contrario, habla con gratitud y satisfacción por poder trabajar en lo que ama. “Lo más bonito que he vivido es recordar y seguir los pasos de mi mamá. Eso me llena mucho”, expresa con emoción contenida.

Entre todos los platillos que prepara, Lourdes tiene un favorito: la pancita de res. Aunque dice que le gusta todo lo que cocina, ese platillo ocupa un lugar especial en su paladar y en su historia personal.

No obstante, no todo ha sido fácil. El mayor reto, según cuenta, es la constancia: levantarse temprano todos los días, preparar todo con esmero, salir a comprar insumos, e incluso cosechar algunos ingredientes. Pero para Lourdes, la cocina tradicional no es solo una labor, es un compromiso con sus raíces.

En un tiempo donde las tradiciones culinarias tienden a desdibujarse entre cadenas rápidas y recetas prefabricadas, Lourdes lanza una reflexión dirigida a los jóvenes: “Que sigan los pasos de la cocina tradicional, que no se pierda, que esto siga. Es muy bonito, es muy bendecido. No lo dejen morir”.

Su historia es testimonio de resistencia cultural, de identidad y de amor por la comida que nace del corazón y se cocina con las manos. María de Lourdes Cruz Bustamante no solo cocina, también honra a su madre y a sus antepasados, mientras inspira a las nuevas generaciones a mantener encendida la flama de la cocina mexicana.

“Antojitos Mexicanos Doña N” no es solo un negocio local; es un templo de sabor, de historia y de pasión por la tradición. Y detrás de cada platillo, hay una mujer que, con fuego lento y mucho cariño, ha sabido transformar los ingredientes en recuerdos imborrables para quienes han probado su sazón.

Foto: Dulce Castillo

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