Vivienda digna y colaborativa

“Déjame ser vieja, orgullosamente vieja”. Ana Freixas

Hay poquísimas autoras feministas que hayan escrito sobre la vejez; algunas estadounidenses. Simone de Beauvoir quizá fue la primera en referirse a cómo afecta de manera diferenciada a las mujeres. Otra autora es Susan Sontag, que habla del tema, pero también de la enfermedad que se cruza con esa etapa etaria. Nos hace falta esta visión nuestro latinoamericana para contextualizar lo que ocurre en este territorio, porque, aunque ya no debería ser así, las mujeres adultas mayores aún cuidan de otros, principalmente de niñeces de su propia familia o para tener un ingreso extra. Vemos a muchas en supermercados. Hay que seguir haciendo análisis al respecto.

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Mientras esto sucede, un grupo de maravillosas mujeres del movimiento feminista en México, que siempre han sido de vanguardia en distintos temas, echaron a andar un grupo de adultas mayores a través de la organización civil Territorios de Cultura por la Equidad. Primero se autodenominaron “Soñadoras”, para que las mujeres adultas mayores contaran lo que les gustaría vivir, y varios de esos sueños se cumplieron: viajar, vivir solas, ser autónomas. Otro de esos sueños colectivos fue tener vivienda compartida, para vivir solas (cada una en un pequeño departamento), pero acompañadas de otras mujeres. Se logró gracias al impulso del grupo promotor integrado por tres feministas: Pilar Muriedas, Aurora Montaño y Josefina Aranda, quienes, junto con el Instituto de Vivienda del Gobierno de la CDMX, tienen casi consolidada la “Vivienda Social Colaborativa para Mujeres Adultas Mayores”, que contará con aproximadamente 80 departamentos en comodato para mujeres en situación de soltería (viudas, separadas, solas, etcétera) a partir de los 60 años, con espacios compartidos como huertos, lavanderías, comedores y servicio de enfermería.

Así que tener gobiernos de izquierda es contar con una política social que vaya respondiendo a las necesidades poblacionales y haciendo equipo con la sociedad civil para que se lleven a cabo proyectos como este. Estamos lejos de un gobierno de izquierda en Hidalgo: autoritario, sordo, represor, ciego de soberbia. Pero yo, como ellas, siempre he pensado que no todo está perdido y que lograremos avanzar cuando haya de verdad respuesta a lo que socialmente es justo. Aquí vamos tan atrás en temas de género que apenas están intentando legislar la capacitación del funcionariado, lo que implica desconocer un montón de procesos feministas.

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Mi pecho no es bodega. Dos cosas que han sido decepcionantes estos últimos tres años en Hidalgo han sido el actuar de las y los legisladores locales para diversos temas. Se esperaba que la llegada de más mujeres pudiera hacer de esta Legislatura una de vanguardia, pero no: los mismos temas, la misma falta de diagnósticos para empujar causas. Con un presidente tan gris como Andrés Velázquez tampoco da para más, al igual que todas y todos ellos, dejando además de lado la petición que desde hace más de ocho meses hicimos diversas organizaciones civiles y ciudadanos sobre el actuar de Ana Karen Parra. Además, ahora trabajadores y trabajadoras, de forma anónima, ingresaron una segunda petición para su remoción. Sin duda, este Congreso es la caricatura de la IA que ponen en sus redes sociales.

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