Ninde Molde En Contra del Mar

Vacúnese y use cubrebocas

Quizás es que aún tengo un trauma con todo lo que vivimos en la pandemia de COVID 19, pero las noticias que día a día han salido sobre sarampión me han prendido todas las alertas.

Cuando estaba en el kinder me dió sarampión, estaba vacunada y además del acompañamiento médico que recibí, mi abuela me hizo una camiseta de franela roja para curarme más rápido. Así la educaron a ella en los cincuenta, cuando el sistema de salud era casi inexistente.

Sobreviví y de acuerdo a la información del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) fui uno de los últimos casos reportados de sarampión, ya que el último se registró en 1995.

Este virus estuvo erradicado en México, al menos hasta 2020 cuando en la Ciudad de México se dió un rebrote que de acuerdo al mismo Instituto, sucedió en un CERESO y que evidenció las deficiencias en los programas de vacunación en dichos lugares. No me sorprende que haya sucedido ahí, se que los CERESOs son lugares más olvidados del sistema.

Para el INSP las causas del brote actual de sarampión se deben a que la cobertura de vacunación ha disminuido y la movilidad de las personas dentro del continente y otras regiones. Algunos casos que documentaron sucedieron en Texas.

Resulta interesante este dato, porque aunque el INSP no lo relaciona de forma directa, no he dejado de pensar que otro de los factores para que nos encontremos en este momento es el movimiento antivacunas, el cual surgió en los países del norte global, basado en teorías conspiranoicas en las que estás enfermedades no son más que un invento o producidas por las farmacéuticas. Nada más lejano de la realidad, pero cuya desinformación ha hecho que exista hoy una generación de seres humanos expuestos a enfermedades que teníamos décadas sin presenciar.

He escuchado a muchas personas decir que no se vacunarán, que la vacuna del COVID les causó tantos efectos secundarios y secuelas que prefieren que les de sarampión.

Cuando pregunto cuáles son las secuelas, me doy cuenta que no son las documentadas científicamente y más bien podrían relacionarse con otros padecimientos.
Eso hace que me enoje, pues todas son personas adultas que no piensan que el sarampión es sumamente mortal para la niñez.

Es cierto que el Estado tiene responsabilidades enormes en el repunte del sarampión, la cobertura de vacunación es algo que nunca debió de descuidarse; pero también nosotres tenemos la responsabilidad social de cuidarnos para cuidar a otros.

Busque su centro de salud más cercano y haga el favor de vacunarse.

crs


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