Ahora en Tula ya nadie sabe que es más urgente si el combate a la inseguridad o a la contaminación, porque antes y después de la visita presidencial se sucedieron actos violentos con delitos de alto impacto que tienen en tensión a la sociedad así sean ajustes de cuentas o la lucha por el control del Huachicol y el narcomenudeo entre grupos delincuenciales, lo que requiere la atención directa de los gobiernos estatal y federal.
La visita de la presidente Claudia Sheinbaum Pardo a la refinería Miguel Hidalgo de Petróleos Mexicanos (Pemex) no sólo fue para supervisar la conversión de procesos para aumentar la refinación de hidrocarburos en el país, también era el mensaje de que a pesar del rechazo al Parque de Economía Circular sigue vigente su compromiso para revertir en lo posible la grave contaminación en la región.
La voluntad expresa de la mandataria debe animar a quienes respetaron el resultado de la consulta, pero no están de acuerdo porque se dejaron ir mil 600 millones de pesos, la solución a los rellenos sanitarios que son un serio problema ambiental y de salud pública para Hidalgo y la generación de por lo menos medio millar de empleos.
Por eso las autoridades no deben permitir que continúe la espiral de la violencia y que se normalicen los delitos de alto impacto, es urgente la capacitación y equipamiento de las policías de los once municipios que integran la región, que opere adecuadamente el mando coordinado y el apoyo logístico y de inteligencia de las fuerzas federales.
La más reciente ejecución de una familia (un hombre y dos mujeres) ataque en el que resultó herida una menor de 10 años, es un indicador de la violencia, aunque no fue menor la de una pareja, porque la cuenta regresiva de esta bomba de tiempo ya está adelantada.
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