Ricardo Rodríguez bailarín de ballet folklórico

Ricardo Rodríguez: ladanza como identidad

A sus 45 años, Ricardo Rodríguez Aranda, originario de Pachuca, decidió retomar una de las pasiones que marcó su infancia: la danza folclórica. Lo que comenzó como una actividad escolar se ha convertido hoy en un compromiso constante que equilibra con su vida profesional y personal, y que además le ha permitido reconectar con sus raíces culturales.

Rodríguez Aranda relató que su primer acercamiento a la danza ocurrió cuando era estudiante de primaria, gracias a la influencia de un maestro que impartía clases en su escuela y motivaba a los alumnos a participar en festivales y celebraciones como el Día de las Madres. Esa experiencia dejó una huella importante en su vida, aunque con el paso de los años tuvo que alejarse de esta actividad.

“Cuando estuve niño tuve la oportunidad de estar con el maestro Álvaro Serrano Gutiérrez, reconocido bailarín, coreógrafo y fundador del Ballet Folklórico del Estado de Hidalgo en México, quien falleció en 2018. Estuve como tres años más o menos con él, y desde ahí me jaló mucho la danza, porque era una persona con bastante energía que te hacía sentir lo que era realmente bailar”, recordó.

Sin embargo, fue hace dos años cuando decidió retomar formalmente esta disciplina, impulsado por el deseo de volver a experimentar la emoción de los escenarios y la conexión cultural que brinda el baile. Para él, la danza representa mucho más que una actividad recreativa.

Señaló que esta actividad le ha ayudado a liberar tensiones y mejorar su condición física

“Lo que más me gusta es poder expresar parte de las raíces de nuestro México y hacer sentir algo al público. La emoción que provoca ver un baile, la expresión de lo que somos como mexicanos, es algo que siempre nos llena”, expresó.

Actualmente, forma parte del Ballet Folklórico del Estado de Hidalgo, con el que ensaya entre dos y tres horas los jueves, viernes y sábados, además de dedicar tiempo adicional los lunes y martes en clases complementarias, así como prácticas personales en casa. En total, estima que invierte alrededor de dos horas diarias en perfeccionar su técnica y condición física.

Compaginar la danza con su trabajo representa uno de los principales retos. Rodríguez Aranda labora en el área de mantenimiento, administración y finanzas de la empresa Alpura ubicada en la Ciudad de México, lo que implica traslados constantes y ajustes en su agenda.

“El principal reto es la disciplina y poder combinar la parte profesional con esta pasión. A veces hay que pedir permisos o vacaciones para poder asistir a presentaciones o ensayos, pero es algo que hago con mucho gusto”, explicó.

Entre los bailes que más disfruta se encuentran los sones de la costa, especialmente los de Sinaloa, debido a su energía y alegría. No obstante, también destacó su aprecio por el tradicional “Caballito”, una danza representativa de Hidalgo, que considera emblemática de su identidad cultural.

Además de ser una expresión artística, la danza ha tenido un impacto positivo en su bienestar físico y emocional. Rodríguez Aranda señaló que esta actividad le ha ayudado a liberar tensiones, mejorar su condición física y fortalecer su confianza personal.

“Ahora que lo retomé, me ha funcionado como terapia. Me ha permitido liberar muchas cosas y también integrarme con distintas generaciones. Es algo muy bonito que me ha motivado incluso a hacer ejercicio, algo que antes no hacía”, comentó.

Durante el último año, ha participado en diversas presentaciones en escenarios de la Ciudad de México, principalmente en la capital del país y en ferias regionales, aunque aún aspira a integrarse en giras internacionales como otros integrantes de su agrupación.

A futuro, su objetivo es seguir perfeccionándose con la esperanza de alcanzar un papel como solista dentro del ballet, lo que considera una meta personal que refleja su compromiso con esta disciplina.

“La danza es un hobby que se ha convertido en una pasión que me mueve muchísimo. Me visualizo en un par de años teniendo algún solo en una presentación, y por eso sigo trabajando y ensayando constantemente”, afirmó.

La historia de Ricardo Rodríguez Aranda demuestra que la danza no tiene edad ni límites, y que siempre es posible retomar los sueños que conectan con la identidad, la cultura y la pasión personal. Su trayectoria refleja cómo el arte puede convertirse en una herramienta de bienestar, disciplina y orgullo cultural, manteniendo vivas las tradiciones que forman parte del patrimonio mexicano.

Foto: Dulce Castillo

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