DANIEL-FRAGOSO-EL SURTIDOR

¿Número o posibilidad?

Si el marxismo nació para humanizar la Revolución Industrial, el humanismo digital nace para evitar que la Revolución de la inteligencia artificial (IA) deshumanice por completo al sujeto, convirtiéndolo en un simple perfil de consumo o control geopolítico. Para desarrollar un argumento sobre la transición del marxismo ortodoxo al humanismo digital, es necesario entender que la estructura del capital ha mutado: ya no sólo se apropia del tiempo de trabajo físico, sino de la ontología misma del sujeto a través de los datos.

El marxismo ortodoxo se centró en la contradicción entre capital y trabajo dentro de la fábrica (el espacio físico). Sin embargo, la filosofía de la ciencia contemporánea nos indica que la “materia prima” actual es la información.

Asistimos a la mutación del objeto, antes, en el materialismo histórico tradicional, el obrero vendía su fuerza de trabajo; en la era digital, el usuario regala su “excedente conductual”; tomando ahora a la Ciencia de Datos como ideología.

Aunque pretendamos que es distinto, los algoritmos no son neutros; son la cristalización de la ideología del capital. En clave de ello, la transición al humanismo digital es necesaria porque el determinismo económico ya no explica por qué el sujeto se auto-explota voluntariamente en las redes. Necesitamos una filosofía que recupere la agencia humana frente al algoritmo.

Desde una perspectiva geopolítica, el marxismo ortodoxo analizaba el imperialismo como la conquista de territorios y recursos naturales. Hoy, la soberanía se juega en la infraestructura computacional. La dependencia de los países del “Sur Global” ya no es solo financiera, sino algorítmica. Quien posee la IA y los servidores, posee la capacidad de predecir (y por tanto, controlar) el comportamiento social. El humanismo digital propone que la tecnología debe estar al servicio de la dignidad humana y no de la acumulación de poder de los estados-plataforma. Es una evolución necesaria para evitar un feudalismo digital donde unos pocos nodos centrales gobiernan la periferia global.

Mientras el marxismo busca la liberación de la clase, el humanismo digital busca la liberación del dato. Reconoce que el ser humano es más que un conjunto de variables procesables. La evolución hacia un humanismo digital no es una renuncia al marxismo, sino su actualización necesaria.

La evolución es necesaria porque el capitalismo de vigilancia ha desplazado la contradicción de clase hacia una contradicción entre la autonomía humana y la predicción computacional. El humanismo digital no es un “idealismo burgués”, es la defensa de la condición humana frente a una tecnología que ya no busca producir bienes, sino producir personas predecibles.

A diferencia del poder disciplinario que decía “no”, el poder psicopolítico dice “sí”. Es un poder que nos seduce para que nos desnudemos voluntariamente en datos, permitiendo que el sistema nos conozca mejor que nosotros mismos. La relación entre lo predecible y la psicopolítica constituye el núcleo de la dominación contemporánea, donde la libertad humana es sustituida por la eficiencia estadística. Ahora bien, qué somos: ¿un número en la estadística o un ser humano en posibilidad?. 

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