Noelia Castillo

Noelia Castillo, el caso de eutanasia que conmociona a España

Con tan sólo 25 años, una discapacidad motriz del 74 por ciento y, sobre todo, un trastorno mental que le hundía en depresiones profundas e intentos de suicidio, la joven Noelia Castillo finalmente fue asistida en su propia habitación para recibir la eutanasia. “Antes de pedirla veía mi mundo muy oscuro. No tenía metas ni objetivos. Siempre me he sentido sola, nunca me he sentido comprendida y nunca han empatizado conmigo. Además no puedo más con esta familia, con los dolores, con todo lo que me atormenta en la cabeza, con lo que he vivido”, se confesó en una entrevista televisiva un día antes de su fallecimiento, que ha conmocionado a España no sólo por su edad sino también por los pormenores de su historia, en la que hay abusos sexuales, depresiones y un padre alcohólico y ludópata.

La joven Noelia estuvo luchando durante dos años porque el sistema sanitario le otorgara el derecho a la eutanasia. Y lo hizo en contra de su familia, sobre todo de su padre, que se alió con la asociación ultraconservadora Abogados Cristianos, que le asistieron gratuitamente para intentar impedir que su hija llevara a cabo sus intenciones. Después de un largo trasiego judicial finalmente el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo le dio la razón a la joven barcelonesa, que pidió estar sola, en su habitación donde pasaba la mayor parte del tiempo, cuando le aplicaran las inyecciones que acabarían con su vida. Como así se hizo.

El proceso de la eutanasia fue el habitual en los países en los que está reconocida, como Canadá, Alemania y Países Bajos, además de España, por supuesto. El primer paso fue tomarle una vía intravenosa. A continuación, se aplicó un fármaco tranquilizante que se llama midazolam. Lo siguiente fue aplicarle un gramo de propofol, que es un anestésico. Un gramo es una dosis muy elevada pero eso permite garantizar la culminación del proceso. El último paso consiste en aplicarle curare, un bloqueante neuromuscular, para que una vez dormida, deje de respirar sin ser conciente de ello.

Noelia Castillo tenía una paraplejía que le suponía un 74 por ciento de discapacidad, pero además había sufrido agresiones por parte de un ex novio, un intento de violación grupal y había vivido la mayor parte de su infancia en un centro tutelado, ya que la administración catalana le retiró la custodia a sus padres tras uno de sus intentos de suicidio. Pero el episodio más traumático de su vida fue el día 4 de octubre de 2022, cuando se arrojó por la ventana de un quinto piso para quitarse la vida. No murió, pero sí sufrió una grave e irreversible lesión medular. Desde entonces ha permaneció recluida en un centro sociosanitario la mayor parte del tiempo, se desplazaba en silla de ruedas y estaba permanentemente medicada para controlar su trastorno límite de la personalidad obsesivo compulsivo, que le provocaba fuertes paranoias.

La batalla en los tribunales arrancó cuando el progenitor recurrió ante la justicia la resolución de la Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña, con fecha del 18 de julio de 2024, por la que se concedió la autorización de la eutanasia. Ella la había solicitado formalmente en abril y se la aprobaron tres meses después, en julio, después de varios informes y análisis de expertos. Y tras varias recursos y alegaciones, el caso llegó hasta el máximo tribunal europeo en materia de derechos humanos, el de Estrasburgo, que es el que finalmente autorizó la medida.

En la única entrevista que ha dado, que le concedió a un programa matutino de Antena 3, Noelia se confesó: “Me voy y vosotros os quedáis aquí con todo el dolor. Pero yo pienso: ¿y yo todo el dolor que he sufrido durante todos los años? Yo simplemente quiero irme en paz y dejar de sufrir”.

Desde el 25 de junio de 2021, con la entrada en vigor de la eutanasia en España, y hasta el 31 de diciembre de 2024, se han registrado dos mil 432 solicitudes de prestación de ayuda para morir. Del total de procesos finalizados, el 45,86 por ciento concluyó a favor del solicitante, el 33,15 correspondió a personas que fallecieron durante la tramitación, el 15,18 fueron solicitudes denegadas y el 5,81 por ciento fueron revocadas por la persona solicitante. El perfil de la joven Noelia es atípico, ya que la mayoría de los procesos finalizados (75,89 por ciento), son de personas mayores de 60 años, y el que superaba los 80 (27,77). Además las enfermedades de base más frecuentes son neumológicas y oncológicas.

Pero el caso de Noelia está reconocido en la propia ley, que establece como potenciales beneficiarios de la prestación a personas con “un sufrimiento físico o psíquico constante e intolerable para quien lo padece, existiendo seguridad o gran probabilidad de que tales limitaciones vayan a persistir en el tiempo sin posibilidad de curación o mejoría apreciable”.

En cualquier caso, la eutanasia de la joven Noelia ha conmocionado al país por su juventud y la dureza de su vida, con episodios de enorme crueldad y vileza.

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