No nací en Venezuela, pero esto ya no se trata solo de Venezuela

Primero, hay que quitarnos las telarañas: se pueden sostener dos ideas en la cabeza al mismo tiempo sin volverse loco. La primera es que, qué bueno que Maduro ya no está.

Fue un dirigente que deshizo la democracia venezolana, que se aferró a la silla mientras su gente pasaba hambre y que convirtió a un país hermoso en un desastre humanitario. No hay por qué estar tristes por su caída; su ciclo era una tragedia humana.

Pero la segunda idea es la que nos debe poner a pensar: la forma en que Trump lo quitó es un peligro para México y para todo el mundo. Lo que vimos no fue un acto de justicia internacional, fue un secuestro militar. Trump se saltó todas las trancas, ignoró a la ONU, a la OEA y a cualquier ley, y decidió que él mandaba.

Y ojo, porque ya soltó que Estados Unidos va a “gobernar” Venezuela un tiempo. Eso ya no es liberar a un pueblo, eso es poner un gerente en una sucursal nueva.

Trump ya no usa discursos bonitos sobre los derechos humanos; se quitó la máscara. Él va por el control político y, sobre todo, por el petróleo. El problema es que su equipo cree que la geopolítica es como un abordaje pirata: llegas al barco, bajas la bandera del enemigo, amarras al capitán y te llevas el oro.

Pero el mundo real es más mañoso. Puedes capturar a un hombre y a su esposa en una madrugada, pero eso no quita al chavismo de raíz ni resuelve el desastre económico. Creen que con destruir unas lanchas en el Caribe ya ganaron, pero la historia nos dice (ahí están Irak y Afganistán) que entrar es fácil, lo imposible es salir sin que todo explote.

Aquí es donde la cosa se pone seria para nosotros. Al actuar así, Trump mandó al basurero décadas de derecho internacional. Instituciones que se supone que están para proteger a los países chicos y medianos —como México— quedaron como simples adornos.

Si hoy normalizamos que Estados Unidos puede entrar a un país y llevarse a su presidente porque “le cae mal” o porque “es un criminal”, ¿qué va a impedir que mañana China haga lo mismo en Taiwán? ¿O que Rusia termine de merendarse a Ucrania? Peor aún, ¿quién nos garantiza que mañana no se les ocurra una “Operación Causa Justa” en otro país latinoamericano porque no les gusta quién ganó las elecciones o porque quieren algún recurso natural? La soberanía no puede ser algo que se negocia a bombazos.

A corto plazo, Trump tiene su trofeo y su foto, pero el “afterday” está muy nublado. Al actuar como un “pirata”, le regaló un montón de oxígeno al discurso antiimperialista. Ahora, el chavismo tiene el pretexto perfecto para decir que son víctimas de una invasión, lo que les permite reagruparse. Además, le abrieron la puerta de par en par a Rusia y a China para que se metan hasta la cocina en América Latina con el cuento de “protegernos del imperio”.

Y no nos engañemos: el dinero es miedoso. El mercado energético ya está temblando. Nadie sabe si el petróleo venezolano va a fluir o si esto va a desatar una guerra interna que dispare los precios de la gasolina en todo el continente. El capital se mueve por confianza, y Trump acaba de dinamitar la poca confianza que quedaba en las reglas del juego mundial.

Me da mucha pena ver que en México hay gente celebrando esto como si fuera un partido de fútbol. Solo hay de tres sopas: o son muy ignorantes y no saben cómo terminan estas invasiones, o son muy cínicos y solo les importa el negocio, o son buitres políticos que quieren usar esta tragedia para golpear al gobierno aquí en casa.

Hay que recordar lo que planteó Andrés Manuel y lo que hoy sostiene la Dra. Claudia Sheinbaum: separar el poder político del económico y respetar la soberanía. Si no defendemos que cada pueblo decida su futuro, estamos aceptando que el más fuerte puede venir a nuestra casa a mover los muebles cuando quiera.

Capturar a Maduro puede ser un éxito mediático para Trump, pero no es un plan de gobierno. Dejaron fuera incluso a la oposición venezolana civil, tratándolos como “daños colaterales”. Al final del día, el saldo es un mundo más inseguro, un derecho internacional hecho trizas y una incertidumbre total.

Está bien que se acaben las dictaduras, pero es terrible que empiece la ley de la selva. Porque en la selva, los que no somos leones siempre llevamos las de perder si no hay reglas que nos protejan.

Por: Dino Madrid

Sigue nuestro CANAL ¡La Jornada Hidalgo está en WhatsApp! Únete y recibe la información más relevante del día en tu dispositivo móvil.


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *