James Blake entre melancolía, decepción y poesía

El pasado viernes 20 me tocó enterarme de que un grupo  de estudiantes de una universidad tecnológica han emprendido el proyecto de crear una revista electrónica de literatura a la que han llamado Aporía, y de la que imprimieron algunos ejemplares con motivo de su presentación en la UTVAM, institución que los acoge.

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Al día siguiente sobrevino el Día Mundial de la Poesía y pude ver fotos de los participantes del Festival Internacional Ignacio Rodríguez Galván en la que daban cuenta de su llegada a Tizayuca para hacer que sus versos retumben en suelo mexicano.

Mientras todo ello ocurría, llevaba varios días dando vueltas a Triying Times, el álbum más reciente -ya el séptimo- del músico inglés James Blake, una figura de la que estoy convencido de que no debería de perder relevancia y protagonismo en el panorama internacional, pues se trata no sólo de un tipo muy inteligente, sino de un alma viejoven y extremadamente sensible.

En mi intervención sobre la aparición de Aporía consideré apropiado citar al poeta español Gabriel Celaya y su célebre texto La poesía es un arma cargada de futuro, para posteriormente darme cuenta de que también le embona a las 13 canciones que ha entregado el nativo del rumbo de Enfield en Londres.

Una de las estofas de Celaya dice:

“Cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades: las bárbaras, terribles, amorosas crueldades”

Pienso en estos versos mientras suena “Death of Love”, una de esa piezas absolutamente emotivas que compone y que ahora se sustenta en un sampler, nada menos, que de Leonard Cohen; antes ya ha pasado la inicial “Walk Out Music”, que igualmente es lóbrega, aún con sus efectos de voz.

Para después saltar a “I Had a Dream She Took My Hand”, en la que ahora samplea a Joey Quiñones para elaborar una balada más bien de pleno amorosa… James Blake siendo James Blake y desparramando melancolía por doquier.

Y es que el compositor, productor y cantante se encuentra muy decepcionado de la industria musical, cuyos esquemas financieros están diseñados para explotar el talento de la gente creativa y es por ello que ahora ha optado por la autoedición y así sacar adelante a un proyecto en el que su pareja, Ameela Jamil,quien también es actriz, funge como coproductora.

A la postre, además de las canciones ya mencionadas, habremos de recordar a Triying Times, por la sencilla majestuosidad y precisión del tema titular, ya que recurre a una instrumentación sencilla y acústica para sacar el máximo rédito de su capacidad como crooner en compañía de una voz femenina que le agrega más savoir faire.

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El álbum incluye también algunos pasajes más electrónicos, como en “Days Go By”… juega con algo de hip-hop junto a Dave al hacer “Doesn´t Just Happen” y en el conjunto general del disco se deja ir entre los detalles de producción -Autotune incluido- y cierta pátina añeja al estilo Motown.

Al final, en James Blake hay languidez y melancolía… algo que pongo en contrapunto con la potencia de la poesía de Gabriel Celaya:

“Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo”.

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acf


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