Hidalgo debe subirse a la vanguardia energética antes de que el tren vuelva a pasar

En Hidalgo no sobran las oportunidades históricas. Cuando aparecen, suelen diluirse entre trámites, disputas políticas y falta de visión. Hoy el estado tiene enfrente una coyuntura que no se repite con facilidad: la posibilidad real de convertirse en referente nacional en generación solar.

El anuncio del parque fotovoltaico en Singuilucan y Epazoyucan coloca a la entidad en el mapa estratégico de la transición energética del centro del país.

No se trata solo de paneles solares ni de cifras de inversión. Se trata de competitividad, empleo y futuro industrial en una región que durante años ha dependido de sectores tradicionales.

Hidalgo cuenta con niveles de radiación solar constantes en buena parte de su territorio. Durante décadas fue un dato técnico sin traducción económica.

Hoy ese mismo factor se convierte en ventaja comparativa frente a estados que compiten por atraer inversiones verdes. A ello se suma su ubicación en el corredor logístico del centro del país, con cercanía a mercados industriales y redes de transmisión. No es solo producir energía, es producirla donde puede interconectarse con menor costo y mayor eficiencia.

El proyecto en Singuilucan y Epazoyucan confirma que existen condiciones técnicas para ejecutar obras de gran escala. Pero la infraestructura física es apenas una parte del reto. Hidalgo ya sabe lo que ocurre cuando una oportunidad estratégica se contamina de ruido político o falta de diálogo social. El antecedente del parque circular dejó una lección clara: sin información transparente, planeación territorial y acuerdos comunitarios, incluso los proyectos con potencial pueden convertirse en conflicto.

La transición energética no puede repetirse bajo ese esquema. Si el estado aspira a liderar en renovables, necesita reglas claras, beneficios locales medibles y participación social real. De lo contrario, la desconfianza puede frenar inversiones que otros estados estarían dispuestos a recibir sin titubeos.

La energía solar no es solo una bandera ambiental. Es una herramienta para atraer manufactura, centros logísticos y cadenas de suministro que hoy buscan operar con fuentes limpias. Las empresas que exportan requieren certificaciones y menor huella de carbono. Hidalgo puede ofrecer eso si consolida una política energética coherente que reduzca la dependencia de combustibles fósiles y fortalezca su base productiva.

Las grandes transformaciones económicas no tocan la puerta dos veces. Cuando llegan, exigen claridad técnica, voluntad política y capacidad de ejecución. Hidalgo tiene ante sí una ventana que puede redefinir su perfil productivo. Dejarla pasar significaría volver a mirar cómo otros estados capitalizan lo que aquí sí es posible.

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