Hidalgo crece al 5.7%, pero el salario no se mueve del suelo

Hidalgo presume un merecido crecimiento. Las cifras oficiales colocan al estado con un avance económico del 5.7%, impulsado por la industria, la construcción y la manufactura. En los indicadores macro, el estado avanza. En la vida diaria de la mayoría, el panorama es distinto.

La economía hidalguense vive una contradicción que ya no puede ocultarse con promedios. Al cierre de 2025 y arranque de 2026, el ingreso promedio mensual en la entidad se ubica en 9,470 pesos. Esa cifra, sin embargo, está profundamente distorsionada por un dato clave: el 68.2% de la población ocupada trabaja en la informalidad.

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Ahí está el verdadero problema. En el sector formal, los salarios promedian 10,700 pesos mensuales, impulsados principalmente por la industria manufacturera y la construcción. Pero en el mercado informal —donde sobrevive la mayoría— el ingreso cae hasta 6,920 pesos al mes. Ese es el Hidalgo que no aparece en los boletines.

El aumento al salario mínimo es, sin duda, una buena política pública. Ha sido una medida que beneficia directamente a quienes menos ganan y corrige parte del rezago salarial acumulado durante años.

La evolución es clara: en 2024 el salario mínimo fue de 248.93 pesos diarios; en 2025 subió a 278.80 pesos, un incremento del 12%; y para 2026 alcanzó los 315.04 pesos diarios, un aumento del 13%, equivalente a un sueldo mensual base de 9,582.47 pesos.

El problema no está en la propuesta, sino en su alcance. Mientras casi siete de cada diez trabajadores sigan fuera del sector formal, los beneficios del salario mínimo difícilmente llegarán a quienes más los necesitan. El reto ya no es anunciar incrementos, sino lograr que más personas puedan acceder a ellos.

A esta brecha se suma otra que el crecimiento económico no ha logrado cerrar la desigualdad de género. En Hidalgo, las mujeres ganan en promedio 38% menos que los hombres en puestos similares, una disparidad que supera la media nacional, ubicada en 34%. No es un detalle menor; es un freno estructural al desarrollo.

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Así, Hidalgo crece, sí. Pero crece hacia arriba, no hacia adentro. Produce más, pero reparte igual de poco. El dinamismo económico se concentra en sectores específicos mientras la mayoría sigue atrapada entre la informalidad, los bajos ingresos y la falta de seguridad laboral.

El desafío para el estado es claro: transformar el crecimiento en bienestar. Ayudar a que los trabajadores informales accedan a mejores ingresos, más beneficios y mayor estabilidad. De lo contrario, el crecimiento seguirá siendo una buena noticia que no alcanza para vivir mejor.

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