La escritora Mariana Enriquez y Rosalía volvieron a traer la discusión sobre separar la obra del artista.
En una entrevista que se hicieron mutuamente, hablaron sobre Picasso, este pintor español, agresor de varias mujeres, que no tenía empacho en admitirlo. Ambas coincidieron en que sí podían solo ver su obra y hacer caso omiso de su vida personal. La entrevista empeora para Rosalía cuando pone en duda los testimonios de sus exparejas, ya que ella dice que como no lo conoció, no estuvo ahí, pues no le consta; que tal vez son mentira.
No creo ni milito en la cultura de la cancelación ni en la funa, porque son dos vías que no generan justicia y sí alimentan mucho más el resentimiento y la impunidad.
Quizás la funa, al principio y si se hace viral, da un poco de satisfacción. Pareciera que se alcanzó el propósito, pero si no es exitosa o bien han pasado algunos días, te das cuenta de que la vida continuó, que el castigo no duró para siempre como piensas que debería ser por lo mucho que te dolió y lastimó esa persona. Así que se vuelve cíclica y vengativa; eso no lleva a ningún lado.
También creo que es importante diferenciar entre una funa y compartir un testimonio sobre un hecho violento, porque sí, las víctimas tienen derecho a romper el silencio, a que les escuchemos y aprendamos para no volver a repetir esos hechos atroces.
Regresando al tema: ¿hay que separar la obra del artista? ¿Hay que dejar de cancelar completamente en todos los aspectos a les agresores?
Son preguntas a las que le he dado vueltas una y otra vez. En mi librero y en mis listas de reproducción de música hay muchos artistas, políticxs, académicxs canceladxs. Seguro hay más de los que conozco públicamente, porque tengo claro que ninguna persona está exenta de haber discriminado o violentado a alguien, ni siquiera yo.
Hay casos que me han generado tal enojo por la impunidad y violencia, que activamente he decidido dejar de consumir esos productos porque ya ni siquiera los disfruto. Pero hay otros que son más complejos.
Hace unos años escuché varios pódcast sobre familiares de personas que trabajaron para las dictaduras. Contaban lo doloroso que fue saber que alguien en su familia había cometido tal hecho y cómo habían transformado su historia para brindar toda la información y acompañar a las víctimas. Muchas hablaban del cariño que le tienen a esa persona agresora, pero de un compromiso con la justicia.
Me dieron una respuesta: no hay que separar a la obra del autor, hay que hacerse cargo. A mí no me gusta la obra de Picasso, pero la gente lo considera brillante y eso coexiste con que también fue un agresor. Heidegger fue un filósofo brillante, también un antisemita y también un patán con las mujeres. Win Butler, de Arcade Fire, es otro caso igual. Y así tenemos que nombrarlos y verlos; no es posible separarlos porque incluso eso que fueron probablemente influyó en sus obras.
Hacerse cargo no implica dejar de disfrutarlo, sino complejizar y aceptar lo que hicieron. No negarlo, no omitir, mucho menos ponerlo en duda.
Es un ejercicio durísimo, no se los voy a negar, pero poder decir “me gusta tal persona que fue unx genix y a la vez un agresor” nos invita a reflexionar; abre las puertas a poder mirar desde otra óptica la violencia y la justicia.
La vida dirá si estoy equivocada y si me van a funar por esta columna.
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