Las calles de los barrios altos de la capital hidalguense y diversos municipios del estado se transformaron este Viernes Santo en escenarios de devoción colectiva.
A través de viacrucis vivientes y procesiones con imágenes sacras, miles de hidalguenses conmemoraron la Pasión de Cristo, destacando celebraciones que han resistido el paso de más de medio siglo.
Pachuca: los barrios que sostienen la historia
En la capital hidalguense, el barrio de El Arbolito reafirmó su posición como el referente más antiguo de la ciudad al celebrar su 57° aniversario. Esta tradición, que nació en 1969, encabeza la lista de los recorridos más emblemáticos, seguida por el viacrucis de Cubitos, activo desde 1971 (55 años), y el de Las Lajas, que desde 1981 (45 años) congrega a los vecinos en las pendientes del cerro.
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A esta jornada de fe se sumó el barrio El Lobo, que este 2026 cumplió su edición número 43. En esta ocasión, el papel de Cristo fue representado por Alejandro Galicia, de 29 años, en un recorrido que, según estimaciones de los organizadores, convocó a cerca de 3 mil personas que siguieron paso a paso la representación por las calles del sector.
Arraigo regional: Acatlán celebra 35 años y Tulancingo estrena Magno Viacrucis
Fuera de la capital, la tradición también dio muestras de su arraigo. En Acatlán, el viacrucis viviente celebró su 35 aniversario, un evento que año con año atrae a visitantes por el realismo y la entrega de sus participantes.

Por otro lado, Tulancingo marcó un precedente con la realización de su primer Magno Viacrucis, el cual, según autoridades municipales, más de 8 mil habitantes se congregaron para presenciar el recorrido.
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A diferencia de las representaciones vivientes, esta procesión destaca por el uso de imágenes de la Catedral y este año por la participación coordinada de diversas parroquias.

Niñez dio vida a las estaciones del viacrucis en Mineral de la Reforma
La continuidad de estas expresiones culturales también se manifestó en la comunidad Amaque, en Mineral de la Reforma, donde en un recorrido de dos kilómetros, cerca de 40 niñas y niños dieron vida a las estaciones del viacrucis, asumiendo el protagonismo de la representación.
Para algunos asistentes, este esfuerzo infantil no solo conmemora el rito religioso, sino que asegura la permanencia de una tradición que, en todo Hidalgo, sigue encontrando nuevas manos y voces.
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crs

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