“En Tenango se borda y se toma café”, la frase, que hoy resuena en la región Otomí-Tepehua, no surgió como un eslogan publicitario ni una consigna turística.
De acuerdo con Montzerrat Olvera Garrido, cofundadora de Adelitas Café, estas palabras nacieron de una conversación con la Secretaría de Turismo para nombrar un proceso de organización, resistencia y arraigo protagonizado por 16 mujeres de diversas comunidades de la Sierra.
Detrás de la expresión existe una historia de cinco años de trabajo de pequeñas productoras que, frente a la falta de oportunidades y la migración hacia Estados Unidos, decidieron defender su territorio a través de la cafeticultura.
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Desde 2019, en un contexto de precariedad acentuado por la pandemia, este colectivo de mujeres encontró en el café una alternativa económica. Sin grandes capitales, comenzaron a comercializar café verde utilizando redes sociales para sortear las limitaciones de un sistema que suele invisibilizar a la productora rural.
Del hilo al grano: el costal bordado como sello de identidad
Uno de los rasgos distintivos de su propuesta surgió de una necesidad técnica: ante la falta de imprentas que realizaran piezas por unidad, las productoras decidieron bordar sus propios costales. Así, el yute y la manta con bordados estilo Tenango se convirtieron en un sello de identidad.
Para Olvera Garrido y las integrantes de Adelitas Café, este gesto transformó el producto en un vehículo de memoria colectiva. Bordar los costales significó visibilizar sus manos y sus saberes, convirtiendo un obstáculo logístico en una propuesta cultural que expresa pertenencia regional.

Arraigo y defensa del territorio
A lo largo de este periodo, las productoras han enfrentado crisis y violencia institucional; sin embargo, han mantenido el vínculo con la tierra junto a sus familias y hombres aliados.
Su labor trasciende lo económico: sembrar café en la Sierra de Tenango implica sostener prácticas locales de producción y evitar que el abandono de las comunidades erosione el tejido social y los ecosistemas.
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Con una perspectiva de género, la trayectoria de este colectivo revela cómo las mujeres rurales impulsan economías comunitarias y preservan tradiciones frente a contextos de exclusión. Su trabajo demuestra que el arraigo es una decisión política y una forma de resistencia.
Por ello, “En Tenango se borda y se toma café” es, en palabras de sus protagonistas, el reflejo de una historia viva de dignidad. Es el reconocimiento a las mujeres de la Sierra que, con “aguja, hilo, café y comunidad”, han sembrado futuro sin desprenderse de sus raíces.

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crs

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