Jorge Romero El Faro

El dilema para los Congresos locales

El Faro

El plan B de la presidenta Claudia Sheinbaum insiste en modificar la constitución para reducir los presupuestos tanto en los congresos locales como en los ayuntamientos. Una apuesta que parece más enfocada en reafirmar el poder de la federación sobre los estados, que en liberar recursos para hacer más obra pública.

La iniciativa presidencial busca ahorrar, mediante recortes a congresos y cabildos, 4 mil millones de pesos, monto que resulta insignificante frente al tamaño del Presupuesto de Egresos de la Federación, que este año asciende a 10 billones 193 mil 683.7 millones de pesos. El ahorro que se pretende equivale a menos del 0.04% del pastel presupuestal.

Visto desde la perspectiva del ahorro, la iniciativa no parece tener demasiados asideros. En cambio, la propuesta de reforma hace patente la estructura vertical del poder en nuestro país, que nos recuerda los tiempos en que el priismo y en particular el presidente ejercían un mandato que rebasaba sus facultades.

Hoy los congresos locales con mayoría morenista se preparan para recibir la propuesta y aprobarla sin margen de maniobra para hacerle cambios. Es complicado manifestarse en contra de maximizar los recursos públicos, pero reducir el presupuesto al Congreso local podría precarizar sus funciones, en perjuicio del pueblo al que representan.

En una democracia, la obra pública no lo es todo. Tener un Congreso plural, en el que se escuchen las distintas fuerzas políticas, también representa un beneficio para la población. Y el mismo razonamiento aplica para la intención de reducir los espacios en los cabildos, donde por cierto el problema no está en el número de regidores, sino en las obesas burocracias administrativas y en los privilegios y abusos de sindicatos y sus líderes, tal como sucedió con el exdirigente Percy Espinosa en Pachuca.

Cuando Claudia Sheinbaum lleva casi año y medio al frente del ejecutivo federal, los congresos locales y los legisladores de Morena y aliados se encuentran frente a una disyuntiva respecto al espíritu federal de la república. Aprobar sin reflexionar sobre las consecuencias del Plan B no hablaría bien de un movimiento que creció merced de los resquicios que paulatinamente abrió un sistema autoritario. Ojalá no volvamos a tropezar con los errores del pasado. 


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