Brenda Flores. Opinión

El burnout académico de fin de año

Finalizar un año es cerrar también con un ciclo en muchos renglones, provoca emoción por el crecimiento personal, logros obtenidos y momentos compartidos, pero también puede generar un efecto contrario como tristeza y agotamiento asociado a factores psicológicos, biológicos o sociales.

Es común saber que alguien es presa del famoso “síndrome de diciembre” que no es un diagnóstico médico o psicológico, más bien, es un término popular que describe un conjunto de factores físicos y emocionales que se experimentan al finalizar un año y se manifiesta por ansiedad, fatiga irritabilidad o depresión.

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Pero el burnout va más allá, es una enfermedad reconocida por la OMS, es el síndrome del trabajador quemado o de desgaste profesional, es un estado de estrés crónico o insatisfacción laboral manifestado comúnmente con agotamiento mental, emocional y físico que se presenta como resultado de exigencias agobiantes en el trabajo.

Con relación a lo anterior, ahora se hala del burnout académico, que se caracteriza por el agotamiento que afecta la capacidad y motivación relacionada con el estudio, lo que provoca bajo rendimiento escolar, el símil es el síndrome del estudiante quemado.

Es importante no confundir el burnout con el estrés académico, este último es una respuesta normal y a menudo temporal de las exigencias académicas, como periodo de evaluaciones o entrega de trabajos que genera ansiedad, cansancio o insomnio, pero el burnout es una consecuencia más grave y agotadora del estrés crónico.

Cuando la sensación es de agotamiento, cansancio o hartazgo, se experimentan cambios radicales de ánimo y tensiones provocadas por la acumulación de meses y con ello de actividades, tareas y responsabilidades que no se gestionaron adecuadamente, donde la falta de motivación e irritabilidad son algunas de las señales de auxilio.

Es una realidad que las esferas personal y académica tienden a solaparse, el abuso en el uso de las pantallas y dispositivos electrónicos, hábitos sedentarios, falta de horarios establecidos, multiplicidad de roles en el hogar o irregularidades en el sueño, detonan un estudiante quemado

Pero ojo, porque el burnout académico se liga estrechamente a condiciones personales y es multifactorial. Los síntomas más comunes son el agotamiento continuo, falta de concentración en clases, ausencia de creatividad, aislamiento, irritabilidad, pérdida de la confianza para realizar labores académicas, desinterés, sentir aburrimiento, incumplimiento y tensiones en el cuerpo que pueden llevar a dolores de cabeza o musculares.

La desmotivación es un elemento clave para ponerse alerta ante el burnout académico y poder actuar, ya sea como profesor o como padre de familia, algunas recomendaciones de autocuidado que pueden mitigar este trastorno tienen que ver con generar horarios de estudio, identificar prioridades escolares y personales, practicar hábitos de alimentación saludable, y brindarse tiempo personal.

El descanso es fundamental, por eso las pausas académicas como las vacaciones, son un bálsamo que reinicia y aplica para el estudiantado, cuerpo docente y demás trabajadores, los periodos vacacionales son fundamentales para el buen funcionamiento escolar y contribuyen al éxito académico.

Muchos estudiantes no saben que atraviesan por este proceso y es momento de hacer caso a ese llamado de atención que hace tu cuerpo o tu mente, por esto, si ya gozas de un periodo vacacional ¡disfrútalo! de la manera que quieras o puedas, la finalidad es alcanzar ese descanso.

Si reconoces algunos de estos factores detonantes, es fundamental que recibas atención, puedes acercarte al área de psicología o psicopedagogía de tu escuela, o bien, acudir a un especialista en materia de salud mental, el primer paso es no sentir pena o miedo, a cualquiera nos puede pasar.

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