Teresa Vargas

Doña Tere: una historia a fuego lento

En la comunidad de Boxaxni, perteneciente al municipio de Actopan, la historia de Teresa Vargas se ha tejido a fuego lento, entre comales, cazuelas y recetas heredadas por generaciones.

Su nombre no solo es referencia obligada dentro de la Muestra Gastronómica de Santiago de Anaya, sino también símbolo de constancia, identidad y resistencia cultural. Durante 24 años consecutivos, ha participado en este encuentro culinario, consolidándose como una de las cocineras tradicionales más reconocidas de la región.

Su trayectoria no comenzó como negocio, sino como parte de una dinámica comunitaria que buscaba preservar la riqueza gastronómica del municipio. Fue su madre quien, impulsada por las primeras convocatorias de la feria, la acercó a este espacio. En aquellos años, recuerda doña Tere, los organizadores, entre ellos don Carmelo, incentivaban la participación de las comunidades, incluso proporcionando transporte para quienes dudaban en asistir.

Ese primer acercamiento marcó el inicio de una historia que hoy suma más de dos décadas. Lo que comenzó como una actividad ocasional se convirtió en una vocación que combina tradición, creatividad y esfuerzo constante.

Para doña Tere, cocinar no es solo preparar alimentos, es preservar un conocimiento que ha sido transmitido de generación en generación. Sus recetas provienen de sus antepasados, quienes le enseñaron no solo los ingredientes, sino también los tiempos, los procesos y el respeto por la naturaleza.

Uno de los principales retos de la cocina tradicional, explica, es la temporalidad de los insumos. Ingredientes como los escamoles, la flor de calabaza o ciertas hierbas no están disponibles todo el año, por lo que es necesario saber conservarlos adecuadamente.

Este conocimiento no se encuentra en libros ni en recetas escritas, sino en la práctica cotidiana, en la observación y en la experiencia acumulada a lo largo de los años. Es un saber vivo que se adapta, pero que mantiene su esencia.

Foto: Dulce Castillo

Platillos que cuentan historias

En cada edición de la Muestra Gastronómica, doña Tere busca ofrecer algo distinto, sin perder la raíz de la cocina tradicional. Uno de sus platillos más representativos fue la flor de calabaza rellena de escamoles en salsa de chinicuil, una combinación que refleja la riqueza de los ingredientes locales.

Además de esta propuesta, su menú incluye opciones que para muchos visitantes resultan exóticas, como el tlacuache horneado, el ximbó con escamoles y la codorniz asada. Cada uno de estos platillos tiene su propia historia y técnica de preparación.

“La gente viene a probar lo que no come todo el año. Vienen buscando esos sabores que ya no encuentran en otros lados”, señala.

Su presencia constante durante 24 años ha generado también una relación cercana con sus clientes, muchos de los cuales regresan cada edición para reencontrarse con sus platillos. Esta fidelidad es, para ella, una de las mayores recompensas.

Detrás de cada guiso hay horas de trabajo que no siempre son visibles. Desde la selección de ingredientes hasta la preparación final, cada paso requiere dedicación. En el caso de doña Tere, este esfuerzo se multiplica al tratarse de platillos que implican procesos más complejos.

A esto se suma la logística de participación en la feria: trasladar utensilios, preparar cantidades suficientes de comida y atender a los comensales. Todo ello forma parte de una dinámica que, aunque demandante, es también gratificante.

Foto: Dulce Castillo

La familia como pilar

Uno de los aspectos más importantes en la historia de doña Tere es la participación de su familia. Sus tres hijos han crecido entre fogones, aprendiendo desde pequeños las técnicas de la cocina tradicional. “Desde chiquitos me los traje a guisar y por eso también le tienen amor a la cocina”, comenta.

Actualmente, todos saben cocinar y colaboran activamente en el negocio, lo que no solo facilita el trabajo, sino que también asegura la continuidad de este legado. Enseñarles ha sido una forma de garantizar que las recetas familiares no se pierdan.

Aunque la Muestra Gastronómica es uno de los momentos más importantes del año, la actividad de doña Tere no se limita a este evento. Cada miércoles instala su puesto en el tianguis del centro de Actopan.

Foto: Dulce Castillo

“Es un orgullo poder cocinar lo que nos enseñaron nuestros antepasados y seguir conservando nuestras tradiciones”, afirma.

Este orgullo se refleja en cada uno de sus guisos, en la dedicación con la que los prepara y en la manera en que los presenta. Su trabajo es, en esencia, una forma de resistencia cultural frente a la homogenización de la gastronomía.

Cada miércoles instala su puesto en el tianguis del centro de Actopan

Foto: Dulce Castillo

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