Cambio radical: infancias prefieren la tecnología; juguetes didácticos son desplazados

Protagonistas de festividades como el Día de Reyes, los juguetes ya no cumplen con el mismo papel que antaño, cuando los hacían “los pedagogos porque tenían una misión de instruir, enseñar y desarrollar la creatividad, y ahorita ya los hacen mercadólogos, ya cambió completamente”, advirtió Roberto Shimizu, director del Museo del Juguete Antiguo.

La evolución de estos objetos ha experimentado un cambio drástico, desde el significado, la calidad de los juguetes y la conexión con la familia. Basta cruzar la puerta del museo para notarlo, incluso antes de entrar, la vitrina repleta de muñecos, carritos, aviones y figuras que alguna vez pertenecieron a otros niños provoca una primera sacudida de nostalgia.

Ya en el interior, recorrer cada una de las secciones —que en conjunto albergan más de 60 mil juguetes— es transitar por las memorias de miles de infancias. Shimizu explicó que de 1940 a 1950 México vivió un auge de jugueteras nacionales que producían piezas con un enfoque formativo y cultural. En cambio ahora, “ya se ha vuelto más global todo y de diferentes temas que van desde los superhéroes hasta temas de ficción”.

Al destacar la importancia de los juguetes análogos, señaló: “Hay que aburrirse, los niños tienen que aburrirse y saber lo que es el ocio. Ahí es cuando se desarrollan las más grandes virtudes y talentos”. Hoy día, el uso constante del teléfono ha mermado la creatividad y la imaginación; “si el ser humano pierde esa contemplación que nos daban antes los juguetes análogos, solo nos volvemos instantáneos”, lamentó.

Entre el tianguis de juguetes del mercado Hidalgo, en la colonia Obrera, alcaldía Cuauhtémoc, se encuentra el negocio de Omar Fernández, dedicado a la venta de productos lúdicos desde hace 28 años, quien señala; “el cambio ha sido muy radical, antes eran juguetes más interactivos con los niños, actualmente están más allegados a la tecnología, buscan mucho los videojuegos o algo vinculado al teléfono celular”.

Esa diferencia también se hizo evidente al platicar con Matías, de 11 años, quien pidió una figura articulada inspirada en una película, mientras Haley, de cuatro años, permaneció distraída con el teléfono y apenas señaló que quería un pony “que prende luces”.

Por: Mara Ximena Pérez


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