Ayer concluyeron los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. En esta ocasión, el escenario internacional ha vivido tiempos turbulentos en el marco de la pandemia, la crisis económica mundial y diversos conflictos sociales alrededor del mundo. Justo en esa dimensión, vale la pena destacar el esfuerzo desplegado por todos los atletas, quienes han podido superar diversas adversidades para entrenar y competir en las mejores condiciones, además de un contexto previsiblemente complejo para cualquier deportista de alto rendimiento.
Al margen de las expectativas respecto a los resultados de la delegación mexicana, resulta relevante realizar un ejercicio de reflexión sobre las implicaciones sociales del deporte, principalmente entre los jóvenes. Además de aportar múltiples beneficios psicológicos y físicos, la práctica deportiva tiene una incidencia transversal en distintos ámbitos de la esfera pública, tales como la educación, la salud pública y la convivencia comunitaria. En ese sentido, el deporte supone una herramienta poderosa para fortalecer y regenerar el tejido social, posicionándose como un factor incuestionable para la consolidación de los ideales de paz, fraternidad, solidaridad, tolerancia y justicia.
En materia de salud pública, los esfuerzos y proyectos diseñados para apuntalar un modelo de medicina preventiva han resultado insuficientes. La inactividad física y los malos hábitos alimenticios son los principales factores de riesgo para el desarrollo de obesidad y enfermedades crónico-degenerativas, las cuales son las principales causas de muerte en nuestro país. De acuerdo con el INEGI, el sedentarismo afecta al 53.8% de los mexicanos mayores de 18 años. Por ello, la promoción del deporte entre la población debe situarse como un eje ineludible de política pública que complemente, desde un enfoque transversal, los esfuerzos gubernamentales en materia de salud. En consecuencia, el nuevo paradigma en materia de educación pública en el marco de la nueva normalidad habrá de incorporar nuevos esquemas que permitan reforzar el desarrollo de actividades deportivas desde la educación básica.
En tales circunstancias, la promoción del deporte se ha convertido en elemento esencial para garantizar el bienestar de la población, por lo que las acciones de política pública en materia de desarrollo social por parte de los tres órdenes de gobierno habrán de contemplar, invariablemente, la asignación de recursos para el desarrollo de infraestructura deportiva y espacios seguros en todas las regiones del país, al tiempo de garantizar la formación del capital humano que permita consolidar modelos educativos anclados en el deporte como eje fundamental, en condiciones de equidad e inclusión.
Sirva este espacio para reconocer el esfuerzo de todos los atletas que participaron en Tokio 2020, pero especialmente a nuestra delegación mexicana que con orgullo y dignidad nos representaron en estos Juegos Olímpicos. Desde distintos espacios -y más allá de quienes hemos experimentado practicar y competir en algún deporte- seguiremos atentos, con ilusión y esperanza, a que sigan poniendo en alto el nombre de nuestro país, erigiéndose como fuente de inspiración para millones de mexicanas y mexicanos.
POR EMILIO SUÁREZ LICONA
CONSULTOR Y PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD PANAMERICANA
@EMILIOSL
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