Sin Protocolo

Dejé el auto y el Tuzobús me dejó a mí

Hay consejos que uno debería recibir con cautela y otros que uno sigue por pura fe ciudadana. Los políticos especialistas en movilidad nos lo han repetido hasta el cansancio: deje su auto y use el transporte público. Esa mañana, convencido de que las autoridades no podían estar equivocadas, dejé el coche en casa y me subí al sistema Tuzobús. Si algo he aprendido de la fe es que se pone a prueba.

El tráfico al sur de la Zona Metropolitana de Pachuca es insufrible. La ciudad ya figura en el nada honroso top 5 de las más congestionadas del país, un podio que no se alcanza por casualidad sino con constancia y mucha vocación. Parece que las políticas implementadas han ayudado a escalar posiciones en tan penoso ranking. Hay que reconocerlo, en algo estamos entre los mejores.

Mi plan era sencillo. Abordaría el camión exprés, que cruza la ciudad de punta a punta, y llegaría puntual a un desayuno con un secretario de esta administración. Pero el reloj, que no entiende de discursos, avanzaba más rápido que la unidad.

El camión se abría paso entre cientos de autos varados, víctimas de la falta de alternativas viales. El bulevar Las Torres está en reparación y otros caminos siguen siendo de terracería, que en esta ciudad también cuenta como infraestructura. Nadie se atreve a abrir nuevos bulevares. Ni el estado ni el municipio, ni las constructoras que siguen vendiendo casas donde no hay hospitales, ni escuelas, ni policías cerca. Se vende el sueño de la casa propia; el camino para llegar a ella, en otro momento.

Adentro, la gente iba apretada, resignada y con la mirada puesta en un destino lejano. Pero el Tuzobús tenía otra agenda.

Al intentar dar vuelta en la Central Camionera, el camión chocó con un automóvil blanco. Los pasajeros fuimos invitados a descender y esperar la siguiente unidad, que llegaría llena y con el doble de solicitudes para abordar. Lo llaman “exprés” y el nombre es de lo más optimista.

Salí a la Central con una sola obligación, llegar a tiempo. Ahí un taxista me ofreció llevarme a la Plaza Juárez por 80 pesos, “porque ya está cerrado por el desfile”. Lo mandé al diablo con toda dignidad y abrí la aplicación de Uber. La tarifa era sumamente menor, pero no había unidades. Con el orgullo hecho trizas, pedí que me llevaran y el conductor me advirtió que solo podría dejarme hasta donde los cortes viales lo permitieran.

Viajamos y no hubo un solo corte. Eso sí, el sobreprecio se mantuvo, no vaya a ser que la fe se quede sin cobrar.

Llegué al desayuno. Los demás funcionarios llegaron tarde y le echaron la culpa al carril del Tuzobús, que permanece cerrado en horas pico pese al tráfico infernal. Las patrullas no ayudan a fluir el tránsito; solo vigilan que nadie se suba al carril para agilizarlo. Tenemos una vía libre, vacía y hermosa, que contemplamos como quien mira un museo desde la banqueta.

Así transcurren los días en esta Zona Metropolitana, donde cada mañana se comprueba la terrible estupidez de 400 mil personas que no entienden ni comprenden la sabiduría de un puñado de expertos en movilidad. Qué ingratos somos. Nos dan soluciones y nosotros insistimos en llegar tarde.
Y lo mejor está por venir. Ya se anuncian las obras de la carretera México-Pachuca a ocho carriles.

Sigue nuestro CANAL ¡La Jornada Hidalgo está en WhatsApp! Únete y recibe la información más relevante del día en tu dispositivo móvil.

acf


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *