Columna Adogma

Diversidad y género en asedio

México y Estados Unidos comparten muchos aspectos de sus historias como naciones. Los dos Estados se formaron luego de procesos complejos de migración desde otros países, el arribo de culturas y civilizaciones a territorios autónomos e independientes habitados por otras culturas originarias a las que se impusieron la fuerza militar y la tecnología armamentista.

Valgan las proporciones, temporalidades y particularidades de cada proceso. Estados Unidos como lo conocemos hoy surge de la migración inglesa, principalmente, y el México actual se conforma del mestizaje impuesto de poblaciones provenientes de España, en su mayoría.

El período 81 de sesiones de la Asamblea General de la Organización de la Naciones Unidad, se llevó a cabo en Nueva York, del 18 al 28 de septiembre. Ciudad emblemática de los Estados Unidos de América, considerada una Cosmópolis y sede de ese organismo multilateral.

En su discurso ante la ONU, el presidente anfitrión, presentó lo que considero una relatoría del poderío de su país y sus políticas intervencionistas. Es decir, de la capacidad de ese país para destruir y amenazar. No cabe duda que los Estados Unidos es una nación poderosa. Quizás la más en todo el planeta.

En su alocución enlistó en los países perversos a la República Islámica de Irán, a la Venezuela de Nicolás Maduro, a los cárteles de las drogas en México, nación a la que calificó de “epicentro de la violencia” de dichos grupos delincuenciales. A éstos los equiparó a un ejército islámico en occidente. En ese combo de países malignos colocó a la Cuba post castrista en proceso de descomposición política y social.

Agradeció a las naciones colaboracionistas con su política de intervención. Y destacó aportaciones en favor del orden que le favorece. Por otra parte, amenazó de destruir a aquellos pises, igual de amenazantes y violentos, que alteran la paz en el mundo.

En su afán por llamar a deshacerse de armas nuclearles advirtió que utilizará la potencia militar a su disposición para aniquilar a aquellos regímenes totalitarios y fundamentalistas que le estorban. Inclusive aseguró no tener cálculo electoral porque él ya no será candidato.

Me parecen loables las intenciones de cualquier dirigente de buscar la paz, y aportar a la resolución de conflictos mortales. Considero que una política armamentista nunca podrá ser la opción para erradicar ese fenómeno.

Además de mostrarse como el Capitán América frente a los villanos mundiales, el mandatario norteamericano ocupó una de las tribunas diplomáticas del planeta para dictarnos su estrecha perspectiva de género. Aseguró que desde la ONU se critica a su país por estar en contra de la diversidad de género y etiquetó de “locura del transexualismo” a esa expresión identitaria.

En la era de la inmediatez para el comercio, las relaciones interpersonales y la multiculturalidad, facilitadas, entre otros elementos, por las transnacionales tecnológicas y de la comunicación, esa visión es un llamado para la intolerancia y el asedio hacia la diversidad y las expresiones de género.

crs


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