A sus 25 años, Eduardo Alcántara Sánchez alcanzó un nuevo logro en una profesión que nunca imaginó ejercer cuando era niño. Recientemente ascendió al grado inmediato superior dentro de la Fuerza Aérea Mexicana, después de años de preparación, disciplina y evaluaciones que hoy le permiten continuar una carrera marcada por la vocación de servicio.
Actualmente es teniente de Fuerza Aérea especialista en Electrónica de Aviación y pertenece al Escuadrón Aéreo 301, con sede en Santa Lucía, Estado de México, donde forma parte de la tripulación de vuelo y participa en operaciones de transporte y ayuda humanitaria.
Eduardo es el primer militar de su familia. Antes de pensar en ingresar a las Fuerzas Armadas, su intención era estudiar una carrera relacionada con la medicina.
“Nunca me imaginé”, reconoció al recordar que durante su infancia no contemplaba la vida militar. “Yo quería ser médico o algo así”.
Su acercamiento a las Fuerzas Armadas ocurrió años después y comenzó a través de las redes sociales. Los videos difundidos por la Secretaría de la Defensa Nacional despertaron su curiosidad por conocer qué había detrás de la carrera militar.
“Fue como yo me enteré, como me llegué a interesar. Después fui investigando más y sentí que era mi vocación”, relató.
Esa decisión lo llevó al Colegio del Aire, donde cursó cuatro años de formación en la Escuela Militar de Mantenimiento y Abastecimiento. Al concluir sus estudios egresó como subteniente y posteriormente comenzó a desempeñarse profesionalmente dentro de la Fuerza Aérea Mexicana.
A un año de haber iniciado esta etapa, Eduardo Alcántara obtuvo un nuevo grado.
El ascenso, explicó, es resultado de un proceso que requiere continuar estudiando y preparándose de manera individual, además de superar diferentes evaluaciones.
“Realizamos exámenes. Es un examen teórico, un físico y un médico. Son tres procesos por los que pasamos”, señaló.
Reconoció que la preparación es demandante y obliga a mantener constancia incluso después de haber concluido la formación académica.
“Sí hay que tener dedicación para poder lograrlo”, afirmó.
Del uniforme a ayudar durante una emergencia
Más allá del ascenso, una de las experiencias que ha marcado su corta trayectoria ocurrió cuando participó en las acciones del Plan DN-III-E ante las inundaciones provocadas por desbordamientos de ríos.
Alcántara Sánchez fue asignado al aeropuerto de Pachuca, donde colaboró con las operaciones del puente aéreo establecido para trasladar ayuda hacia las zonas afectadas.
Su trabajo consistió en apoyar con la entrega y carga de despensas en helicópteros, brindar seguridad en la plataforma y orientar a las aeronaves durante las maniobras de aterrizaje.
“El año pasado estuve cubriendo el Plan DN-III en todas las inundaciones por los desbordes de los ríos. Estuve en el aeropuerto de Pachuca entregando despensas, con lo del puente aéreo, cargando los helicópteros, dando seguridad en la plataforma e indicando a los helicópteros dónde aterrizar”, recordó.
Fue la primera ocasión en que participó directamente en una labor de este tipo y una experiencia que también le mostró la parte emocionalmente más difícil de su profesión.
Ante las consecuencias de una emergencia y las necesidades de las familias afectadas, consideró que el personal debe aprender a mantener el carácter para continuar con las tareas encomendadas.
El servicio implica estar lejos de casa
Pertenecer al Escuadrón Aéreo 301 implica para Eduardo estar preparado para movilizarse cuando sea requerido. Al tratarse de una unidad de transporte, sus integrantes participan en diferentes tareas, entre ellas operaciones relacionadas con el Plan DN-III-E y ayuda humanitaria. Esta disponibilidad también puede significar pasar periodos lejos de la familia.
En su caso, durante el último año ha tenido la oportunidad de regresar aproximadamente una vez al mes para convivir con sus seres queridos, situación que considera favorable debido a la cercanía de su actual adscripción.
Nacido en Tula, Hidalgo, y originario de Jilotepec, Estado de México, Alcántara Sánchez admite que la carrera militar también tiene momentos difíciles y que, como sucede en otras profesiones, en ocasiones puede surgir el deseo de desistir.
Sin embargo, asegura que las satisfacciones encontradas durante el servicio han sido suficientes para seguir adelante.
Hoy, con 25 años, cuatro años de formación militar, un año de experiencia profesional, participación en tareas de ayuda humanitaria y un nuevo grado, Eduardo Alcántara Sánchez asegura que, si pudiera volver a elegir, tomaría nuevamente el mismo camino.
“Sin duda. Me ha dado muchas satisfacciones tanto a mí, como a mi familia y creo que ayudar a la gente es una gran satisfacción”, expresó.
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