Gustavo Sánchez: De no creer en duendes a crear una villa artesanal

Gustavo Sánchez: De no creer en duendes a crear una villa artesanal

Una experiencia que vivió hace más de 15 años cambió la manera en que Gustavo Sánchez entendía lo desconocido y lo llevó a crear, con sus propias manos, un espacio dedicado a recrear relatos y experiencias sobre duendes en Huasca de Ocampo.

Hace más de 15 años, Gustavo Sánchez no creía en la existencia de los duendes. Su forma de entender el mundo estaba basada, principalmente, en aquello que podía comprobar.

Sin embargo, una experiencia cambió por completo su perspectiva. “Yo no creía en ellos. Únicamente creía en lo que podía comprobar”, recuerda Gustavo, originario de la Ciudad de México.

Gustavo Sánchez


Fue entonces cuando, asegura, tuvo un encuentro con un duende, una experiencia que despertó su curiosidad por un mundo en el que hasta ese momento no creía.

Lejos de quedarse únicamente con aquella vivencia, comenzó a interesarse por conocer más historias y experiencias de otras personas.

Su gusto por las artes y la escultura se convirtió en el camino para comenzar a plasmar aquello que escuchaba y, en algunos casos, aquello que las personas aseguraban haber visto.

Un día, mientras trabajaba con distintos materiales, decidió elaborar una figura de un duende. La creación llamó la atención de su esposa y se convirtió en el punto de partida de un proyecto que, con el paso de los años, fue creciendo.

Gustavo comenzó a tomar cursos para perfeccionar sus técnicas y, al mismo tiempo, a recopilar testimonios de personas que le compartían experiencias relacionadas con estos seres.

Cada relato se convirtió en una posible creación. “Todo lo que está aquí adentro es artesanal, es hecho por tu servidor”, señala al hablar de La Villa de Goz Duendes, el espacio que actualmente impulsa en el Centro de Huasca de Ocampo.

Su proceso de trabajo comienza con los relatos que las personas le comparten. A partir de las descripciones, realiza bocetos y posteriormente comienza a recrear las figuras utilizando las técnicas que ha aprendido a lo largo de los años.

Pero su trabajo no termina con la elaboración de una escultura. Durante el proceso mantiene comunicación con las personas que le narraron sus experiencias, incluso mediante videollamadas, para revisar detalles y comparar las características de las figuras con lo que aseguran haber visto.

“Los voy cotejando con la persona y me van diciendo cómo son realmente, lo que han visto”, explica.

Algunas de sus creaciones pueden requerir varios días de trabajo y, en el caso de las figuras robóticas, el proceso puede extenderse hasta tres semanas.

Un proyecto que comenzó antes de llegar a Huasca

Aunque actualmente La Villa de Goz Duendes forma parte de la oferta turística de Huasca de Ocampo, Gustavo comenzó este proyecto antes de llegar al Pueblo Mágico.

Durante años llevó su propuesta a distintos espacios, entre ellos el Ajusco y otros lugares, con la intención de compartir con las personas las investigaciones y relatos que había recopilado.

Hace tres años decidió establecerse en Huasca, un municipio que considera uno de los principales referentes del país en torno a las historias y leyendas sobre duendes.

Para él, llegar a este Pueblo Mágico representó encontrar un lugar donde el misticismo forma parte de la identidad y de la experiencia turística de sus visitantes.

“Huasca es el lugar por excelencia de duendes”, asegura. Desde entonces, ha continuado desarrollando un proyecto que combina su experiencia personal, el trabajo artesanal y los relatos de decenas de personas.

Más que vender figuras, busca compartir historias

Gustavo explica que el propósito de La Villa de Goz Duendes no es únicamente mostrar figuras artesanales.

Para él, la experiencia consiste en compartir con los visitantes los relatos, investigaciones y testimonios que ha reunido durante años.

Por ello, cada recorrido es personalizado y los asistentes tienen la oportunidad de escuchar las historias detrás de las figuras, realizar preguntas e incluso compartir sus propias experiencias.

El acceso tiene un costo de 50 pesos por persona. “Es una explicación a detalle de lo que son los duendes”, comenta.

Su interés, asegura, está en que las personas conozcan las historias que ha recopilado y las experiencias que han dado origen a cada una de sus creaciones.

Actualmente, La Villa de Goz Duendes abre los viernes y sábados de 9:00 de la mañana a 8:00 de la noche y los domingos de 9:00 de la mañana a 6:00 de la tarde.

A más de 15 años de aquella experiencia que lo llevó a cuestionar sus propias creencias, Gustavo Sánchez ha convertido una vivencia que describe como inesperada en un proyecto artesanal y turístico.

Hoy, desde el centro de Huasca de Ocampo, continúa dando forma a relatos que, según cuenta, llegan hasta él a través de las experiencias de otras personas y que terminan convertidos en figuras elaboradas completamente con sus propias manos.

La historia de Gustavo comenzó con algo que no podía explicar y terminó convirtiéndose en una villa en la que el arte, las leyendas y el misticismo se encuentran para formar parte de la experiencia turística de Huasca de Ocampo.


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