La censura a la no-censura

Estos días todos gritan censura. La Comisión Reguladora de Telecomunicaciones sacó nuevas reglas para proteger a las audiencias y la oposición, con Alito Moreno al frente, salió a defender la libertad de expresión como si fuera lo más sagrado del mundo. “No se pide y no se negocia”, dijo, muy serio, en la misma red social donde a diario circulan mentiras y ataques sin que a nadie le importe.

Vale la pena recordar de dónde viene esa lección. La frase hace referencia a un audio filtrado en mayo de 2022 donde Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas, dirigente nacional del PRI, supuestamente dice que a los periodistas no hay que matarlos a balazos, sino “matarlos de hambre”. Eso desató una fuerte polémica sobre cómo el poder político trata a la prensa. Así que cuando hoy se pone la banda de defensor de la libertad de expresión, conviene tener memoria.

Y aquí está lo que nadie quiere ver: mientras todos pelean contra cualquier intento del gobierno de tocar a la radio o la televisión, existe otra censura, más efectiva y menos discutida: la censura a la no-censura.

Está prohibido señalar que a los comunicadores y a los personajes públicos les falta ética en sus redes sociales. En cuanto alguien lo intenta, ya es el enemigo de la libertad de expresión.

Pensémoslo bien. La radio y la televisión, al menos en teoría, tienen reglas que cumplir, y algunas estaciones cuentan con códigos de ética o alguien que revisa lo que se dice al aire.

No es parejo, muchas ni eso tienen, pero al menos existe la idea. ¿Y las redes sociales de gobernadores, diputados, alcaldes, influencers y hasta periodistas? Ahí no hay ni la intención. Se puede mentir, exagerar, ofender o exhibir a cualquiera sin filtro alguno.

Poco a poco se ha logrado que pedir ética se confunda con querer censurar. Ese es el truco: no hace falta que el gobierno calle a nadie, basta con que cualquier señalamiento se tome como censura. Así el tema desaparece de la conversación. Nadie lo toca, nadie lo exige. Hablar de ética digital de “los que mandan” se volvió tabú porque ya lo etiquetaron como ataque a la libertad.

Mientras tanto, en lo que sí cuesta vidas, siguen asesinando periodistas en México sin detenidos, y eso incomoda menos que cualquier nueva regla. Se defiende la libertad de prensa a gritos cuando conviene, y se ignora la falta de ética cuando el que miente o exhibe es del propio bando.

Aquí nadie pide un regulador para X ni para TikTok. Se pide algo más simple: que la misma energía que defiende la libertad de expresión se use, aunque sea una vez, para exigir que esa libertad no sea excusa para mentir sin consecuencias. Porque si la censura de Estado es peligrosa, la censura social contra quien pide ética también lo es. Solo que a esa nadie la denuncia.

crs


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