Bucareli concentra huellas de la vida política nacional

Bucareli 158: la casa donde los secretos del poder aún respiran

Hay edificios que desafían el paso del tiempo. Otros conservan algo más inquietante: la memoria de aquello que nadie quiso contar. 

En Bucareli 158 (Tusquets), José Manuel Cuéllar regresa a la ficción tras sus trabajos ensayísticos sobre el pensador Emilio Uranga y construye una novela que se interna en una zona poco explorada de la historia mexicana: los vínculos entre el espiritismo, las élites políticas y los rituales que acompañan el ejercicio del poder.

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Con una narrativa que combina novela gótica, investigación histórica y crónica negra, el autor propone un recorrido por los sótanos simbólicos de México. Las casas hablan, los muertos se resisten a desaparecer y la política adquiere una dimensión espectral que atraviesa épocas y personajes.

En entrevista con La Jornada Hidalgo, Cuéllar define este libro como un retorno a sus intereses literarios. Aunque su formación es filosófica, reconoce una antigua fascinación por el terror, el suspenso y la tradición gótica. 

Lejos de contraponer ambas vertientes, considera que dialogan de manera natural. Si la filosofía lo condujo al estudio de la historia intelectual y política del siglo XX, la ficción le permitió explorar una historia secreta y subterránea donde convergen ocultismo, poder y deseo de trascendencia.

La elección de Bucareli como escenario resulta central. La avenida concentra huellas de la aristocracia, la burocracia y la vida política nacional. Cerca del Palacio de Cobián, sede de la Secretaría de Gobernación en el corazón de la Ciudad de México, la calle aparece como un espacio donde las decisiones trascendentales se toman lejos de la mirada pública.

La trama inicia el 24 de agosto de 2013. Su protagonista, Ifigenia, trabaja en una antigua casona habitada por Eulalia Madero, una mujer enigmática cuya presencia parece suspendida en el tiempo.

Todo cambia cuando encuentra un diente humano oculto en un muro. A partir de ese descubrimiento emergen relatos de médiums, sesiones espiritistas, asesinatos, conspiraciones y cultos que terminan conectados con un nombre decisivo: Nicolás de Rocaverti.

Más allá del enigma, la novela funciona como una alegoría sobre la distancia entre la ciudadanía y los círculos donde se concentra el poder. Ifigenia encarna a quienes sólo observan las consecuencias de decisiones tomadas a puerta cerrada. Eulalia, por su parte, se transforma gradualmente en una extensión de la casa, hasta volver indistinguibles la voz de la mujer y la memoria del edificio.

Una de las fortalezas del libro radica en el diálogo entre ficción y realidad. Cuéllar recurrió a periódicos de las décadas de 1940, 1950 y 1960 para reconstruir episodios de la nota roja mexicana. 

De allí surgen personajes inspirados en figuras históricas como Gregorio Cárdenas y en sobrevivientes del hundimiento del Potrero del Llano durante la Segunda Guerra Mundial.

A ellos se suma Rocaverti, médico y teólogo catalán del siglo XVII asociado al misterioso ritual del Velo de Oro, práctica que promete prolongar la existencia y cuya influencia alcanza a distintas élites políticas.

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Bucareli 158 no es sólo una novela de fantasmas. Es una reflexión sobre la violencia que se oculta detrás de los mecanismos del poder, las víctimas invisibles que deja la historia y las huellas que permanecen inscritas en la memoria colectiva. 

Así, la obra plantea una pregunta inquietante: ¿qué historias permanecen enterradas bajo las ciudades que habitamos? 

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acf


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