Día del maestro: 41 años del Colegio Jidé, el legado de las hermanas Jacinto

“Somos una familia de niñeros, nos encantan los niños”, define con absoluta claridad Blanca Jacinto Intriago, directora del Colegio Jidé.

A propósito de la celebración del Día de la Maestra y el Maestro, Blanca comparte la historia de este centro educativo que ha cumplido 41 años en Tulancingo; una obra nacida de la unión de dos hermanas con vocaciones complementarias: Elvia, normalista y licenciada en educación preescolar, y Blanca, licenciada en administración.

“Mis papás nos enseñaron a trabajar mucho, a ser gente productiva y a servir; aprendimos con el ejemplo”, recuerda Blanca en entrevista a La Jornada Hidalgo. Bajo esa filosofía, un día le planteó a su hermana: “¿Oye, y si ponemos un colegio?”.

Fotos: Nathali González

El camino no fue sencillo. El proyecto comenzó en un terreno de sus padres en Rincón Colonial, pero se toparon con la resistencia de los colonos, quienes se opusieron a la apertura de la escuela. “Fue un pleito; tuvimos que ampararnos”, relata la directora. En medio de esa batalla legal, lograron construir tres salones de preescolar, donde operaron durante 12 años.

Sin embargo, el prestigio del colegio creció y, con él, la demanda. Ante la insistencia de los padres de familia que pedían la apertura del nivel primaria, el espacio se volvió insuficiente. Mediante préstamos y un esfuerzo constante de construcción, adquirieron el inmueble actual, que hoy alberga preescolar, primaria y secundaria.

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Para el Colegio Jidé, el aprendizaje es una consecuencia, no el punto de partida.

“Queríamos enfocarnos primero en la estabilidad emocional de los niños; si no logramos eso, el niño no aprende nada”, explica Blanca. La prioridad ha sido cimentar la seguridad en el alumno para que después pueda desarrollar sus habilidades.

Este enfoque humano los ha distanciado de la visión puramente comercial de la educación. “Nunca nos ha presionado tener tantos niños para ganar tanto. No nos concentramos en tener 40 o 50 alumnos por grupo; empezamos con grupos de cinco o seis por muchos años. Ahorita, ya en estas instalaciones, tenemos grupos de 30, pero la meta sigue siendo la misma: sacar a los niños adelante”.

La búsqueda de la excelencia impulsó a las hermanas Jacinto a viajar cada cuatro o cinco años a Madrid para actualizarse. “En ese entonces, en México no había nada para niños de preescolar”, señala Blanca. Bajo esa visión, adoptaron un modelo pedagógico español e importaron durante años los libros de texto directamente desde Europa, hasta que la editorial finalmente se estableció en territorio mexicano.

La crisis de la pandemia y la partida de Elvia

El desafío más agudo en estas cuatro décadas sobrevino con la reciente emergencia sanitaria. Como institución particular, el Colegio Jidé enfrentó una reducción drástica en su matrícula y plantilla laboral, agravada por la partida de familias que se retiraron con adeudos pendientes.

Sin embargo, el golpe más demoledor fue de índole personal: “Ahí perdí a mi hermana, fue todavía más difícil para mí”, confiesa Blanca al evocar a Elvia. Fallecida hace cinco años, y a quien define no solo fue su socia y compañera de vida, sino la mentora cuya visión docente resultó fundamental para cimentar la escuela.

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Al regresar a las aulas, el panorama era desolador. En preescolar, los niños tenían miedo de pisar el pasto. Blanca detectó un fenómeno que hoy le preocupa profundamente: la soledad infantil.

“Aun estando en casa recibiendo clases, los niños estaban abandonados. Esa soledad es muy impactante porque no hay una guía. Nosotros tenemos que intervenir, ganarnos su confianza y calmarlos”.

Un pacto inquebrantable

Pese a las presiones financieras y el vacío que dejó su hermana, la idea de claudicar no existe para Blanca Jacinto. El Colegio Jidé nunca fue un negocio de ocasión, sino un pacto de permanencia.

“Era un proyecto de vida en el que las dos nos comprometimos hasta morir; no era para un ratito”, concluye la directora, reafirmando una promesa que, tras cuatro décadas, sigue formando a las nuevas generaciones de Tulancingo.

crs


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