Karina Calixto Valentín, artesana y promotora cultural, la comunidad de Santa Mónica

El bordado “pepenado”, una técnica ancestral que lucha por no desaparecer en Tenango de Doria

En la región de Tenango de Doria, el bordado tradicional conocido como “pepenado” o Rëdi Jōri en lengua otomí, enfrenta un riesgo de desaparición. De acuerdo con Karina Calixto Valentín, artesana y promotora cultural, la comunidad de Santa Mónica se erige hoy como el último refugio de esta técnica centenaria, la cual se ha extinguido incluso en localidades vecinas como San Nicolás.

Según su testimonio, apenas un grupo de entre 40 y 50 artesanas en Santa Mónica preserva esta tradición. La falta de reconocimiento y el reducido número de personas que dominan este arte sitúan al pepenado en una situación de vulnerabilidad, contrastando con la amplia popularidad y el alcance comercial que ha logrado el “Tenango”.

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La técnica del pepenado exige una precisión que supera al bordado tradicional de la región. La elaboración de una sola prenda puede requerir entre cuatro y cinco meses de trabajo si es multicolor, o de tres a cuatro meses si se realiza en un solo tono. Esta inversión de tiempo se traduce en costos que oscilan entre los 3 mil y 4 mil pesos por una blusa, factor que, según Calixto Valentín, dificulta su comercialización en mercados masivos.

“Es más difícil de vender por su precio, lo que hace complicado que las personas adquieran una pieza”, explicó la joven artesana, quien heredó la técnica de su madre, Angélica Valentín, desde los 10 años. Entre las figuras que sostienen este legado destaca también doña Sofía Macario, artesana de más de 60 años que continúa trabajando la tela con aguja e hilo en la comunidad.

En el marco del Día del Tenango, celebrado el pasado 8 de abril, Karina Calixto Valentín —quien también se desempeña como fotógrafa— destacó la necesidad de promover este bordado en diversas entidades del país para revertir su riesgo de desaparición. Puntualizó que la labor de difusión trasciende lo económico, pues el objetivo primordial es la salvaguarda de una identidad cultural con un siglo de historia.

La artesana hizo un llamado a la población para conocer y adquirir estas piezas únicas, subrayando que el consumo directo es lo que permite a las mujeres de la comunidad seguir custodiando el patrimonio hidalguense. “Adquirir una prenda hace que las artesanas sigan preservando y cuidando la identidad que nos da este bordado”, concluyó.

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